La presente entrevista de la laureada periodista y escritora española Milagros Pérez Oliva con Manuel Castells, especialista catalán en informática –La Era de la Información, su obra más conocida, fue traducida ya a 23 idiomas- marcó una parteaguas en la concepción popular que se tenía en torno a la operación y alcance de las redes sociales por internet.

Muchas ideas preconcebidas respecto de su peso político y, sobre todo, respecto de los usuarios de éstas, resultaron carecer de base tras las investigaciones de campo (cincuenta y cinco mil entrevistas) de este ex catedrático en Sociología y Urbanismo de la Universidad de California en Berkeley, hoy en la Universitat Oberta de Catalunya, en España.

El pasado 15 de abril, el también autor de La Sociedad Red dictó la cátedra Comunicación y Poder* en el auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas de la Unam, en donde sentenció, entre otros puntos, que “no hay política si no es mediática. El sistema opera bajo una forma dicotómica: sólo se existe apareciendo en los medios…”

 

Milagros Pérez Oliva

Se dice que la Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Sin embargo, su investigación muestra que Internet no favorece el aislamiento, sino al contrario muestra que las personas que más chatean son las más sociables.

MC.- Para nosotros no es ninguna sorpresa. La sorpresa es que el resultado haya sido sorpresivo. Hay por lo menos quince estudios en el mundo que dan ese mismo resultado.

¿Por qué cree que la idea contraria se ha extendido con tanto éxito?

MC.-Los medios de comunicación tienen mucho que ver. Sabemos que las malas noticias son más noticia. Usted utiliza la Internet, y sus hijos, también; pero es más interesante creer que está llena de terroristas, de pornografía… Pensar que es un factor de alienación, resulta más interesante que decir: Internet es la extensión de su vida. Si usted es sociable, será más sociable; si no, Internet le ayudará un poquito, pero no mucho. Los medios son, en cierto modo, expresión de lo que piensa la sociedad: la cuestión es por qué la sociedad piensa eso.

¿Por miedo a lo nuevo?

MC.-Exacto. ¿Pero miedo de quién? De la vieja sociedad a la nueva, de los padres a los hijos, de las personas que tienen el poder anclado en un mundo tecnológica, social y culturalmente antiguo, respecto de lo que se les viene encima, que no logran entender ni controlar y que perciben como un peligro… y en el fondo lo es, ya que Internet es un instrumento de libertad y de autonomía, cuando el poder siempre se ha basado en el control de las personas, mediante el de información y comunicación. Pero esto se acaba. Porque Internet no se puede controlar.

Vivimos en una sociedad en la que la visibilidad pública se ha convertido en el principal interés de cualquier institución, empresa u organismo. Pero el control de la imagen pública requiere medios que sean controlables, y si Internet no lo es…

MC.-No lo es, y eso explica por qué los poderes tienen miedo de Internet. He estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos años, y la primera pregunta que hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

Si Internet es tan determinante de la vida económica y social ¿su acceso puede ser el principal factor de exclusión?

MC.- No, el más importante seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional; antes está el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada. En España, la llamada brecha digital es por cuestión de edad. Los datos son muy claros: entre los mayores de 55 años, sólo el 9% son usuarios de la Internet, pero entre los menores de 25 años, son el 90%.

¿Es, pues, sólo una cuestión de tiempo?

MC.- Cuando mi generación haya desaparecido, no habrá brecha digital en el acceso. Ahora bien, en la sociedad de la Internet lo complicado no es saber navegar, sino saber dónde ir, dónde buscar lo que se quiere encontrar y qué hacer con lo hallado y esto requiere educación. En realidad, Internet amplía la más vieja brecha social de la historia: el nivel educativo. Que en España un 55% de adultos no haya logrado completar la educación secundaria, es la verdadera brecha digital.

En esta sociedad que tiende a ser tan líquida, en que todo cambia constantemente, y que cada vez está más globalizada, ¿Internet puede aumentar la sensación de inseguridad, de que el mundo se mueve bajo nuestros pies?

MC.-Hay una nueva sociedad que yo he intentado definir teóricamente con el concepto de sociedad-red. Creo que, más que líquida, es una sociedad en que todo está articulado de forma transversal y hay menos control de las instituciones tradicionales.

¿En qué sentido?

MC.-Se extiende la idea de que las instituciones centrales de la sociedad como el Estado y la familia tradicional, ya no funcionan más. Entonces se nos mueve todo el suelo a la vez. Primero, la gente piensa que sus gobiernos no la representan y no son fiables; empezamos, pues, mal.

Segundo, piensan que el mercado les va bien a los que ganan y mal a los que pierden y como la mayoría pierde, hay desconfianza hacia lo que la lógica pura y dura del mercado le pueda proporcionar a la gente.

Tercero, estamos globalizados y ello implica que nuestro dinero está en algún flujo global que no controlamos; que la población se ve sometida a unas presiones migratorias muy fuertes, de modo que cada vez es más difícil encerrar a la gente en una cultura o en unas fronteras nacionales.

¿Qué papel desempeña Internet en este proceso?

MC.-Por un lado, al permitirnos acceder a toda la información, aumenta la incertidumbre, pero al mismo tiempo es un instrumento clave para la autonomía de las personas, y esto es algo que hemos demostrado por primera vez en nuestra investigación. Cuanto más autónoma es una persona, más utiliza Internet. En nuestro trabajo hemos definido seis dimensiones de autonomía, y hemos comprobado que cuando una persona tiene un fuerte proyecto de autonomía, en cualquiera de esas dimensiones, utiliza Internet con mucha más frecuencia e intensidad. Y el uso de Internet refuerza a la vez su autonomía. Pero, claro, cuanto más controla una persona su vida, menos se fía de las instituciones.

Y en ese contexto, mayor puede ser su frustración por la distancia que hay entre la posibilidad teórica de participación y la que ejerce en la práctica, que se limitan a votar cada cuatro años, ¿no cree?

MC.-Hay un desfase enorme entre la capacidad tecnológica y la cultura política. Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo son incapaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para que participe en la vida pública. El problema es que el sistema político no está abierto a la participación, al diálogo constante con los ciudadanos, a la cultura de la autonomía, y, por tanto, estas tecnologías lo que hacen es distanciar todavía más la política de la ciudadanía.

 

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