El pasado mes de septiembre, en el Teatro Real de Madrid y después de casi cincuenta y nueve años de carrera, Joan Baez, la cantante más famosa de la música folk de Estados Unidos, se despidió de su público. La artista deja giras y conciertos “porque estoy consciente de los desgastes, de las posibilidades de mi voz” dijo en charla con la Radio y Televisión Española, y añadió: “Estoy agradecida por mi vida, que ha sido extraordinaria.” Para muchos, el rostro y la guitarra de la artista nacida en 1941 en Nueva York, están asociados con canciones de protesta por los derechos civiles y sobre todo con sus posturas políticas, que la llevaron hace unos días a afirmar en su país: “A la gente no le importa si Trump tiene razón o no, si dice la verdad o no. Son felices con la mentira. Trump es un poco como Hitler, pero menos inteligente.”

“Siempre he procurado ser congruente y denunciar lo que pasa en Estados Unidos, va en ese sentido”, dijo en la charla, quien, en la Navidad de 1972, viajara a Vietnam como parte de una comisión internacional de paz y sufriera en carne propia la “Operación Linebacker II”, que incluyó el bombardeo de Hanói durante once días. Sus denuncias y protestas aceleraron el proceso de paz de 1975.

 Antes de su concierto, Joan Baez se entrevistó en la cárcel a Carme Forcadell, la expresidente del Parlamento Catalán que impulsara el referendo independentista de 2017, lo que le costó prisión preventiva y pudiera significarle una condena de más de diez años. La artista, como era previsible, se adhirió a su causa, pues asegura que se están violando los derechos humanos de la prisionera al tenerla punto menos que incomunicada. Hija de mexicano y escocesa, Joan Baez, con 31 álbumes discográficos, eligió Madrid para su último concierto. “Pero seguiré en las luchas civiles hasta el final…”, dijo en honor a la democracia española. “Aquí, hace unos años, desafiamos la censura de Franco con canciones como ‘No nos moverán’, el himno republicano, y con los versos de poetas perseguidos o asesinados.”

Su canción postrera en los grandes escenarios fue “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, la que interpretara con Mercedes Sosa en el Homenaje a la poeta sudamericana realizado en Chile en 1971.

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