Por: Nicolás Durán de la Sierra.

 

Sin duda, la presencia de la bella Marilyn Calipigia en el dédalo reconforta el otoño de El Minotauro, que aún lejano está el invierno, pero ello tiene un costo: la paz en la cima del Monte Ida, en Creta, es casi recuerdo. Al Héroe, en realidad, el barullo de la antillana le es casi ajeno, pues se aísla en su bien nutrida biblioteca, pero la que sí que lo resiente es Ariadna, a la que el incesante zumbido de la joven abeja le descompone el ánimo.

No es que no quiera a la cubana, lo que pasa es que “hija, no dejas de joder; parece que tuvieras un pimiento de padrón en el fondillo”, le dice usando una sonora locución del caló hispano que aprendiera en su último viaje a Madrid. El pimiento apenas si es picante, pero ilustra bien su incordio; en la Escala Scoville, que mide el picor, éste apenas alcanza de los 100 a 500 grados, mientras un chile serrano va de los diez mil a los 23 mil grados.

Ironías de la vida, al pobre Wilbur Lincoln Scoville (1895) se le recuerda más por su escala de picante que por el que él decía era su mayor trabajo, Extract and perfumes, un libro con cientos de fórmulas de perfumes y esencias que hasta 1960 fuera utilizado por la industria del ramo; la patente la tiene la Parke-Davis. Eso sí, en el poblado de Bridgeport, Connecticut, donde naciera, es todo un héroe; no tienen otro.

Mas volvamos al dédalo, donde está a punto de estallar un volcán: el Astado, quien se hallaba inmerso en la lectura de una antología de cuentos amorosos de René Avilés Fabila publicada recién por la Gaceta del Pensamiento, autorizó a la cubana a tener una mascota, pero esta no dijo de qué mascota se trataba. Al enterarse, tanto Ariadna como Teseo pusieron el grito en el Olimpo y de loca no bajan a la caribeña.

¿De qué mascota se trata? Ah, pues eso se sabrá en breve, pero antes y dado que esta es una columna las más de las veces política, abordaremos esta disciplina tan olvidada en Quintana Roo, que una cosa es Política y muy otra la artera o ineficiente disposición de los recursos públicos. Aunque se escucha una cerrada ovación en loor de la fineza de El Escriba, por modestia no se abundará en ello.

A mitad de este sufrido y largo año, al cierre de junio, el Municipio Benito Juárez, con cabecera en Cancún, alcanzó una deuda de poco más de mil 266 millones de pesos tanto con la banca de desarrollo como con otras instituciones crediticias de primer piso –la comercial-, con lo que se ubicó como el segundo más endeudado del país, según reciente informe de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

A esta onerosa deuda, según especialistas se habrían de sumar otros 616 millones de pesos que se deben a proveedores y otros deudores, entre ellos al Seguro Social y a trabajadores despedidos ilegalmente –116 millones-, con lo que la deuda real sería de unos mil 880 millones de pesos, que representan poco más del 72 por ciento del presupuesto de Cancún, que es de casi dos mil 617 millones de pesos anuales.

Muy mal negocio, como se puede colegir. Dejando de lado la buena o mala administración del edil don Paul Carrillo, esto explica en buena medida el porqué de la poca -por no decir casi nula- obra pública municipal en su último año de su gobierno, a la vez que deja entrever el tamaño del problema financiero que heredará el alcalde que los suceda, sea cual fuere su origen partidista, de no pedirse otro crédito como hiciera Cozumel.

En lo que se refiere a deuda pública, el municipio que va a la cabeza en la lista nacional es Tijuana, con una deuda de dos mil 545 millones de pesos, pero con ingresos por más de cinco mil 200 millones por año, con lo que su deuda compromete sólo el 50 por ciento de sus haberes. Aquí se halla comprometido, como se dijo, más del 70 por ciento del prepuesto anual. Muy mal negocio aunque se realicen pagos diferidos y a bajo interés.

Pasada la euforia de los informes municipales, más allá de la tradicional retórica de los ediles y sus disque logros, quedan los números fríos, los que no mienten. El futuro cercano de Cancún, en lo que toca a obras y a los servicios públicos, no es halagüeño. Por desgracia para la ciudad una crisis más severa que la que se vive hoy está a la vuela de la esquina, aunque viene sigilosa, casi en silencio, como con vergüenza.

Por cierto y ya de paso, así como para dejar un buen sabor de boca y no caer en terribles alarmismos que luego empañan el bienestar y ajan el ánimo, de concretarse la creación del nuevo municipio de Puerto Morelos, Cancún perdería cerca de una tercera parte de sus ingresos fiscales y de aprovechamientos, con lo que la quiebra sería peor dado que esta no se transfiere, pero… ¿Para qué amargarnos la vida en este festivo mes patrio?

Tornemos a lo importante: una quimera. La que Marilyn quiere por mascota es nada menos que una quimera. “Es que tiene cabeza de gatito peludo que enamora y bueno, el torso parece como de cabra, pero a lo mejor con el tiempo mejora. Su rabito enrollado es bonito, se parece al de un cerdito pero con escamitas. ¿Qué mejor compañía pudiera tener una chica que un animalito así? Además, parece que no come mucho…”

Pero Ariadna y Teseo, lanzas en ristre, bloquean la entrada del laberinto. “No es para tanto, huele un poco mal, es cierto, pero es muy mansita. No es para que se pongan así”, les dice al tiempo que jala el lazo con el que trae amarrada a la bestezuela. El olor que se percibe es de azufre, pero dado que ella no había olido tal elemento, cree que se trata de huevo podrido. “Es que ha de haber comido algo en mal estado, pobrecita”, alega.

Ah, ingenua hija del Caribe, bien se nota que no aprovechó sus clases de mitología clásica en el liceo. La que trae consigo es una cría de un ser por demás hidepú, dijeran los hispanos que hubieran asistido a clase de letras clásicas o, al decir de los mexicanos, “una real hija de la ingada”, frase que no deja entrever escolaridad precisa pues con generosidad la usa tanto el docto como el palurdo.

No entraremos aquí en cuestiones lingüísticas pues el que narra no está de humor y bien se halle donde esté don Octavio Paz y su Laberinto de la Soledad, que a él le gustaba analizar esas cosas de la ingada, pero el caso es que se trata de un mal bicho, de un mal bicho con mayúsculas. Resultaría exagerado decir que, de adulta, la quimera devoraba un rebaño de cabras, pero sí que se engullía una vaca con la pata en la cintura.

Hablando de malos bichos, resulta que sin lograr estadio clásico, doña Lorena Jassibe Arriaga, esposa del gobernador de Jalisco, dijo que “si por mí fuera, mataba a todos los diputados; no entiendo mucho de política, pero los ahorcaría. No sé si haya uno bueno, pero esas cosas no me interesan”. Luego, ya en su máscara de jefa del DIF, destacó que lo que a ella de verdad le conmovía era “trabajar por el bienestar de los niños de Jalisco”.

No se puede uno apenar por don Aristóteles Sandoval, el gobernador priista y católico –“a mucha honra”- de ese estado, pues están tal pa´cual. Este disque político fue el que se alcanzó la puntada de pedirle a Osorio Chong, el de Gobernación, que el país rompiera relaciones con Egipto por el accidente en el que perdieran la vida algunos paisanos. Desde luego lo enviaron al diablo, pero tal es la catadura de ambos. Halla se los haigan.

En Guadalajara, Jalisco, tal es la ojeriza que le tienen al tiranuelo sexenal que se dice que hace unos días don Enrique Alfaro Ramírez, alcalde electo de oposición, lo envió a cubrir de tizne a su señora madre y que, raudo, creó una comisión para ir a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced para rogar porque que el gobernador llegase con bien a donde lo había enviado, no fuera a ser que no cumpliera con la admonición. Decires.

Pero la quimera exige atención, aunque se trate tan sólo de una cría. Su rabo ya no está recogido, sino erecto y su punta la remata una cabeza de víbora; de allí las escamas. El azufre, su olor, se expande. A Marilyn ya no le parece atractiva la bestia y suelta el lazo, mientras los que guardan la boca del laberinto amagan con las picas. Una escena así no se había visto desde los salvajes tiempos del gran Belerofonte.

Se había visto otras igual de espinosas, como aquella en la que el centauro Quirón y sus cuadrúpedos amigos hicieron un rodeo en el dédalo y jugaron a lazar a Teseo, o cuando Medusa, ebria, amenazó con convertir a Ariadna en piedra, pero esta es inusual por pestilente. En la entrega por venir se sabrá cómo se salvó la trupé del Héroe de la terrible, bueno bestezuela, pero es más sonoro el primer calificativo.

 

 

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