Por: Nicolás Durán de la Sierra.

El horrísono bramido de El Minotauro retumbó por toda Creta. Unos creyeron que se trataba de un terrible sismo. Otros, en Heraklión, la capital isleña, que era el estruendo de las huestes de banqueros alemanes que había embargado Grecia –honor a Ángela Merkel-; algunos, los menos, supusieron que inmensas bestias marinas como el Kraken habían emergido para, con afán apocalíptico, acabar con la ‘Perla del Mediterráneo’.

Fueron los menos, claro, porque se necesita ser idiota para creer que del Mare Nostrum salgan bichos propios de las gélidas aguas del Báltico, pero debe decirse que se trataba de un grupo de turistas suecos que andaban de francachela en las tabernas cretenses. Hacer de un calamar un terrible monstruo, sólo se le puede ocurrir a la raza vikinga, a la que lo de la imaginación no se le dio; vamos, deificar a un oso, acusa anemia intelectual.

Mas el caso es que los potentes pulmones del Héroe dieron al traste con el sosiego de la isla. Como de seguro recordará el lector afín a esta columna, en la pasada entrega, luego de decir por qué Cancún está en quiebra pese a la retórica de don Paul Carrillo, su simpático alcalde, se dijo cómo Marilyn Calipigia había intentado adoptar como mascota a una quimera y de las consecuencias que ello trajo:

Teseo y Ariadna –en eso de lidiar con bestias los hombres van primero-, lanzas al aire, cierran el paso al mítico engendro cruza de víbora, cabra y león, en tanto que la bella cubana, tras ver su desatino, clama a gritos la presencia del Gran Astado. De hecho, sólo pidió a Ariadna que lo llamara, pero El Escriba está de vena para frases ampulosas. Y es aquí donde -expectación en el escenario- se debe insertar lo del horrísono bramido.

Pero antes del inserto y ya citado el tema municipal, si algo se le debe reconocer al dicho Paul Carrillo es su gran sentido del humor, que desde luego no es involuntario… ¿O sí? Hace unos días se rememoró en Puerto Morelos el natalicio de José María Morelos, héroe epónimo del sitio y allí, en sentida perorata, el edil deseó buena suerte a los portomorelenses en su afán por constituir un nuevo municipio.

Ha de saber el caro lector que la gente de Puerto Morelos, de Leona Vicario y de aldeas de por ahí buscan independizarse precisamente del Municipio Benito Juárez, al que hasta ahora pertenecen, porque están op to the mother de ser ignorados por la comuna encabezado por don Paul Carrillo, por lo que sus buenos deseos fueron tomado con cierto recelo. “Se lo merecen, muchachones”, sólo le faltó decir.

Respecto de que los de Puerto Morelos no fueron atendidos por la comuna, el edil, con ademán sereno, mirada firme, y voz convincente dijo que en dos años de su gestión se realizaron “importantes obras como una cancha de ‘Futbol 7’ en la Colonia Pescadores en beneficio de miles de niños; se rehicieron áreas a infantiles” y ya entrados en gastos, “se entregaron paquetes de útiles escolares para alumnos de primaria”, ingratos que son.

Además, pa’que se notara que iba con generoso afán, bajo el tórrido sol caribeño que en la plaza del pueblo se pegaba al suelo como sábana mojada –ole-, Paul regaló a la comunidad nada menos que motos y cuatrimotos donadas a su vez por el empresariado local “gracias a la fe en su gobierno”, así como una grúa para el alumbrado y una camioneta casi nueva para el servicio público pagada, eso sí, por el mismísimo ayuntamiento.

Dijeran acaso los censores que nunca faltan que tales son meras bobadas para un pueblo olvidado por trienios, pero no consideran el cariño con que don Paul llevó los triques; el gusto con que los solicitó a los empresarios de Cancún. Fueron pocos, sí, pero con profundo valor sentimental. Se dice que más de una dama le pidió su autógrafo y que los guardaespaldas no las repelieron. La fiesta de la democracia, pues.

Aunque son pocos a los que les interesa el contenido de los informes de gobierno, que hay masoquistas, será divertido ver a don Paul explicar con lógica cómo fue que perdió la mitad de la superficie del municipio que le fuera encomendado. De que está atado de pies y manos, cierto, pero saludar al nuevo municipio precisa cinismo, pues es resultado directo de su ineptitud y de los que lo antecedieron en el cargo. Alegres cuentas.

Acaso no sea práctica la creación del nuevo municipio por la innegable carga burocrática que supondrá, que va contra la tendencia de aligerar las estructuras oficiales, pero es legítimo el empeño de los notables que avalan el proyecto, entre otros Francisco Mendoza, Gerardo Kauffman y Juan Carlos Uribe, quienes tienen amplio respaldo de la comunidad porteña, una comunidad aguerrida que sabe defender sus derechos.

Por cierto, otro que también tiene un humor afilado es don Alfonso Navarrete Prida, fino caballero que cobra como titular de Trabajo y Previsión Social, quien tras anunciar que el salario mínimo sería igual en todo el país a partir de octubre –setenta pesos con diez centavos- sentenció que “ello representa un paso histórico que hace realidad un anhelo de muchas décadas, para los trabajadores de México”.

Dijo asimismo que con ello se da puntual cumplimiento a uno de los compromisos en materia de mejora de los ingresos laborales de Enrique Peña Nieto, y que bla-bla… Albricias para los millones de empleados que si antes medio vivían con 68.28 pesos por día, ahora, con 1.83 pesos más, de seguro ascenderán y mucho en la escala social. 54 pesos con 90 centavos al mes y 658.80 al año. Ya hay pa’l pollo navideño, joder.

Dicen que la obsesión por la demagogia que padece la gran mayoría de los funcionarios públicos tiene ribetes patológicos y que, de manera solapada, buscan ofender al escucha, que hay desdén en su quehacer, pero es poco probable. Barbotan sus peroratas porque es lo que se estila, lo que creen debe hacerse, lo que han visto desde siempre. Mienten en su discurso no por inquina, sino por costumbre; los más son tontos, tan sólo eso.

Pero venga inserto, que el respetable suspira por saber de la quimera. Pues nada, que el bramido del Héroe dejo patidifusa a la bestezuela al grado que ésta orinó mercurio y el rabo se le hizo sacacorchos. Algo similar pasó a Marilyn, pero el elemento 80 de la Tabla Periódica no es de humanos y menos por las vías bajas; ella sólo se wishó, como dicen en Yucatam y su trasputín nada más sufrió leve estremecimiento.

A Ariadna, que ya había oído antes el estruendo, le dio un ligero hipido. Belerofonte fue al que en realidad le dio hipo y mucho, pues la cría de quimera se había escapado del cuadril donde tiene a las bestias míticas, y no fuera a ser que el Héroe quisiera hacer tapete del animalito. Injustificada aprensión, ya que el Ícono del Mediterráneo, para alejarla, sólo hubiera dado una patada al bicho, pero hasta allí.

Debe decirse que, por un lado, el Gran Astado siente gran afecto por los híbridos, pues los siente cercanos, y por otro, su estatura le hace respetar la vida. Que de joven, entre novillo y mozo, cometiera algunos excesos, pasé, pues quien no se dejó llevar por la sangre en los primeros años, pero después vino la cordura. Además, el bicho pestilente, le recuerda a su tío abuelo Tifón, el de los huracanes, y un tipo obstinado como pocos.

Resulta que este Dios del linaje de los antiguos Titanes y al que se le diera el don de originar violentos vientos en Levante, ya muy entrado en años se enamoró de Equidna, ninfa fea pero querendona, con la que tuvo a la original Quimera. Por más que el Héroe le dijera que no pensara tonterías pues iba a producir monstruos, el otro estaba encarrilado. De allí nace el concepto que luego utilizaría Arquímedes, y sin pagar regalías.

¡Tanto es lo que debe la filosofía clásica al Icono del Egeo, y él tan modesto¡ Pero no nos desviemos: Belerofonte hubo de llevarse al bicho, no sin antes jurar que vigilaría su fantástico zoológico, que incluye animales imaginados por Macarena Huicochea, escritora que los presentará en su libro La caricia de la esfinge en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de noviembre de este año. Destacan sus singulares sirenas.

Para los afectos al cotilleo, que en el Olimpo también se da, resulta que Belerofonte no se llamaba sí, sino que al principio respondía por Hipónoo, que sonaba feo aún en esos tiempos. Lo cambió primero Quiso por Leofonte, pero siguió sin gustarle. Tras matar a Belero, rey corintio, decidió tomar su nombre por trofeo y así nació a la leyenda. Nadie lo tomó en serio cuando, luego, años después, quiso llamarse Aquinojerjes. Así es la vida.

 

 

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