Por Jorge Polanco Zapata

Hay personas que tienen como pasatiempo o práctica cotidiana el de reunirse en torno a una buena taza de café con un grupo de amigos y comentar, desmenuzar, analizar y debatir las notas, los sucesos diarios de toda índole, en eso gastan una buena parte de su tiempo. Hace unos días tuve el gusto de compartir en una de estas tertulias y entre los temas sobresalió el tema de la política que nunca falta, la  apreciación unánime de los ahí presentes fue que la política se ha convertido en un estercolero carente de valores y principios de compromisos y servicio social, sin vocación de servicio, sin entrega y sin pasión.

Todo levita alrededor de la ambición desmedida, al culto de la personalidad del gobernador en turno a la alabanza y la lisonja, y con estas particularidades se esmera por agradar a quienes creen los pueden impulsar a seguir avanzando en sus carrera políticas, son aduladores de tiempo completo, aunque también hay que reconocer las contadas excepciones.

Ahora se construyen imágenes con mercadotecnia y publicidad y no con el esfuerzo y el trabajo y de los resultados de este, la indolencia, la soberbia y la rapacidad son los signos de esta época se elude la negociación y conciliación y se privilegia la altivez y el garrote, sin embargo pareciera que el síndrome de Estocolmo los domina ya que seguimos favoreciendo con el voto a los causando de estos pesares. Desde aquí hago un llamado a la consciencia de los quintanarroenses  a una profunda reflexión que nos permita acabar con esto, pensemos en las profundas generaciones.

 

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