Nicolás Durán de la Sierra

Este lunes, tras darse el color naranja en el semáforo de la epidemia, en Chetumal y en Guadalajara se reabrirán actividades que, por la crisis, habían quedado en pausa. Guardada la proporción, ambas ciudades presentan un fenómeno parecido: alta es su velocidad de contagio y, al decir de las autoridades de salud, es de preverse un repunte de óbitos por el coronavirus.

Si bien en ambos lugares se privilegia la preservación de la vida como eje político, de continuar la recesión de la economía en las dos ciudades –aquí el fiel de la balanza- los daños a la salud comunal por causa de la pobreza podrían ser aún mayores. La coyuntura evoca la novela La alternativa del diablo, de Frederick Forsyth, en la que cualquiera opción de la trama trae funestos resultados.

Ambos lugares dan muestras de una desesperación que amaga con devenir en rebeldía civil y, como documenta  la Historia, de caer el dique, las consecuencias serían temibles para la autoridad y por extensión, para todos. De nuevo La alternativa del Diablo. La opción viable fue abrir la ruta de la reactivación de manera escalonada y confiar en el sentido común ciudadano…

En el caso del Estado, la presión social, sobre todo en el sur, tiene un gran peso, ya que en contraste con la zona norte, su economía es frágil, siendo generosos con los calificativos; si en el norte hay problemas de empleo, en el sur estos son devastadores. De no abrirse la actividad comercial, principal sustento de la capital, los daños, como se dijo, pudieran ser peores.

Con todo, no fue una decisión fácil la del gobernador en su calidad de autoridad sanitaria. Es de suponerse que, en el cambió de color del semáforo sanitario, también influyó el que las arcas estatales, flacas por la epidemia y sus secuelas, ahora tuvieron que afrontar los gastos dejados por la tormenta tropical Cristóbal. Demos votos a la esperanza de que la apuesta sea afortunada.

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