DOCTOR PETER HASSLER,
ETNÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD DE ZÚRICH, AUTOR DE EL SACRIFICIO HUMANO ENTRE LOS AZTEKAS, UN ESTUDIO CRÍTICO SUIZA, 1992

MARTÍNEZ DÍAZ Y J. ARELLANO CASTILLO, TRADUCTORES

Un aire de fascinación rodea nuestro interés en los aztekas, el pueblo que, al inicio del siglo XVI habitó una de las más grandes ciudades del mundo: Tenochtitlán. En 1521 ésta metrópoli fue borrada de la faz de la tierra por los conquistadores españoles al mando de Hernán Cortés y sus aliados. Como justificación de sus actos, los conquistadores generaron informa- ción falsa para escandalizar a su “audiencia cristiana”.

Explicaron que los aztekas practicaban el sacrificio humano. Después las crónicas de los misioneros españoles e incluso de indios evangelizados repitieron a su vez la práctica de este culto. Aun cuando diversos científicos calificaron a estos reportes como de exagerados, que los aztekas sacrificaron humanos permaneció incuestionable. Cortar y luego sacar el corazón de la víctima con un cuchillo de obsidiana (formado de cristal volcánico) fue supuestamente el método más común de sacrificio, aunque se habló también de otras prácticas.

Éstas incluyeron, decapitación, perforaciones con lanzas y echas u obligando a las víctimas a luchar contra otros en duelos desiguales. Se dijo hasta que algunas víctimas, de modo literal, fueron desolladas vivas y que después un sacerdote se ponía el macabro “traje de piel” e iniciaba una danza ritual.

No faltan tesis y explicaciones que buscan un trasfondo a estos actos arcaicos; algunos investigadores los han tenido como rituales religiosos. Otros los han llamado “exhibiciones de agresión reprimida” e incluso como un método de control natal.

Sin embargo, aunque el sacrificio humano ha sido tema de muchos escritos, casi no ha tenido lugar un examen crítico de las fuentes de información acerca de esto. No se había dado una necesaria revisión crítica sobre éstas.

Extracción de corazones

Bernal Díaz del Castillo es la clásica fuente de información acerca de los masivos sacrificios realizados por los aztekas. Un soldado “literato” que acompañó a Cortés aseguró haber sido testigo del sangriento ritual. “Nosotros observamos en dirección a las grandes pirámides y vimos como tiraban [a nuestros camaradas]por los escalones y se disponían para sacrificarlos” -escribió en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, publicada póstumamente en 1632-. Después ellos danzaron, ellos colocaron a nuestros camaradas boca arriba sobre un cuadrado con estrechas piedras erigidas para los sacrificios. Después con cuchillos de obsidiana, aserraban sus pechos, y los abrían sacaban sus todavía palpitantes corazones y ofrecían estos para sus ídolos.”

La escena de este sacrificio sucedió en el más importante templo de la ciudad-isla de Tenochtitlán. Los observadores, sin embargo, lo estuvieron viendo desde su campamento sobre la orilla de un lago a tres o cuatro millas de distancia. (El narrador se encontraba en Tlacopan y desde ahí a Tenochtitlán hay una distancia de seis a ocho kilómetros. Además antes había un lago que rodeaba a la ciudad.)

Desde ese punto Díaz del Castillo no hubiera podido ver ni oír cosa alguna. Para seguir la acción en el pie de la pirámide, él habría tenido que estar en el templo. Esto habría sido imposible, pues los aztekas habían expulsado a los españoles y a sus aliados, quienes habían estado sitiando la ciudad por completo. Mas él no inventó la leyenda de las muertes rituales. El autor fue Cortés, quien originó la mentira en 1522, cuando escribió una corta versión de los falsos relatos para el consumo del emperador Carlos V.

(Entre 1519 y 1526 Hernando Cortés escribió cinco Cartas de Relación al emperador respecto de los sacrificios humanos, aunque, por sus descripciones, no se deduce que fuera testigo de ellos; de hecho, en la segunda misiva señala que en el tiempo que estuvo en Tenochtitlán no vio un solo sacrificio humano.)

Cortés y luego sus seguidores estaban seguros de que sus relatos en- contrarían oídos crédulos, ya que en los siglos XV y XVI muchas mentiras fueron esparcidas tanto por la propia corona española como por la Iglesia católica acerca de muertes rituales realizadas por judíos poco antes de que éstos fueran expulsados de la península ibérica junto con los moros. Las mentiras de Cortés fueron exitosas a grado tal que aún permanecen luego de casi quinientos años y hasta sin mayor oposición. Las mentiras de los conquistadores además se han nutrido de aportes de segunda mano, los “cuentos del oí decir”, como los de los escritos de los misioneros e indios evangelizados que, en su fanatismo, despreciaron su antigua religión. Los relatos están repletos de frases vagas y banales como “y por eso ellos sacrificaron”, lo que indica que los escritores no pudieron haber sido testigos de un real sacrificio humano.

Con base en estas relatos, una gran cantidad de hallazgos arqueo- lógicos (de esculturas y frescos hasta pictogramas y murales) fueron tenidos por antropólogos y arqueólogos como prueba de los sacrificios humanos, pero estas imágenes no son prueba de ello en forma alguna.

Desollamientos rituales

No es hasta hoy cuando los científicos han comenzado a dudar del “oí decir” y de las interpretaciones tradicionales de las imágenes de los corazones fuera del cuerpo e incluso de los asesinatos que se toma- ron como “pruebas”. Las imágenes escritas o gráficas bien podrían constituir mitos o leyendas, podrían ser alegorías, símbolos y metáforas. Podrían ser hasta imágenes de muertes ordinarias o de ejecuciones. Huesos humanos que se muestran como si los hubieran cortado, tampoco evidencian el sacrificio humano. En el Budismo, los cráneos y los huesos de las piernas son utilizados para hacer instrumentos musicales que se usan en los rituales religiosos y no tiene relación con los sacrificios.

Leslie J. Furst, estudiosa de los símbolos utilizados por los aztekas, ha visto pinturas mágicas donde otros sacrificios humanos. Por ejemplo, una imagen muestra la encarnación de una “diosa” decapitada de igual manera que se decapita la flor de una planta de pulque para hacer la bebida alcohólica. ¿Por qué los eruditos han interpretado tales imágenes con cosas lejanas a la realidad como evidencia del sacrificio humano? ¿Para qué con- fundir a generaciones futuras?

Hay otro antecedente simbólico muy importante en torno a las imágenes de tales “asesinatos” en las pinturas aztekas: los ritos de iniciación, cuyo evento central es la muerte mística. El candidato “moría” en este plano para “renacer” en otro de tipo ser espiritual. Esta muerte imaginaria o simbólica muchas veces se representa en forma dramática en las imágenes como siendo cortado en trozos o tragado por un monstruo.

Hasta ahora y hasta donde sé, no existe una investigación del simbolismo de la muerte en la alta cultura de Mesoamérica, donde hubo y hay aun tantos mitos al respecto. El ritual del desollamiento seguramente perteneció a ésta misma categoría. En las pinturas nosotros vemos la piel removida de las víctimas de un solo corte a lo largo de la espina, quitada del cuerpo en una sola pieza. Esto es impracticable. Así pues, el “traje de piel humana” no puede ser sino una representación metafórica, una imagen propia del náhuatl, el rico lenguaje de los aztekas, y todo el simbolismo del corazón y la sangre pueden ser metáforas del cacao, una de sus bebidas favoritas.

El corazón es un importante órgano simbólico en muchas culturas, además de las europeas. En los lenguajes indígenas éste también es símbolo de coraje y representa al alma. “Sacar el alma del cuerpo” no es operación quirúrgica. Esto explica el por qué no han sido halladas fosas con los huesos de las víctimas de los sacrificios masivos en Mesoamérica. Por tanto, luego de un cuidadoso y sistemático estudio de las fuentes, no encuentro evidencias del masivo sacrificio humano entre los aztekas. El fenómeno no nace de los su- puestos sacrificios, sino la honda y en- raizada creencia que éstos ocurrieron. (Semanario liberal Die Zeit, de Ham- burgo, Alemania. 2012.

 

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