Quién no ha oído “El Mundo es un Balón”? Quién no ha dicho que el fútbol es el deporte de masas o que lo es todo? Sin embargo, una pregunta medular subsiste: qué es para nosotros este deporte, y sobre todo, si es para nosotros este mismo deporte.

José Arce Lara

Indudablemente el fútbol es el deporte más popular, no solo de México, sino de casi todo el mundo, como lo hace evidente el Mundial de Sudáfrica 2010.
Sin embargo, lo es para nosotros más por la estrategia comercial que por vocación. Aún no había comenzado el campeonato, cuando las enajenantes campañas publicitarias por radio y televisión campeaban por entero. Bastó el triunfo ante Italia, para que ya no pudiéramos escuchar o ver otra cosa que no fuera este partido. “Como México no hay dos”… De eso no hay duda, revisen el mapa.
El Campeonato Mundial durará un mes, pero el éxito o fracaso de la selección mexicana sin duda marcará a toda la nueva generación: por cuatro años, de seguro, se suspirará por una nueva oportunidad.
Con independencia de si ganará o perderá o hasta dónde llegará el equipo mexicano, el hecho real es que ya somos víctimas de la mercadotécnica que genera la competencia, de la oferta y demanda de los gigantes del comercio nos hace aún más consumidores, que nos venden televisores en lugar de espejitos.
En realidad, debemos reconocer, nos creemos grandes conocedores de este deporte y devenimos en meros villa melones. Nos ofrecen productos y la oferta dice “si México llega al quinto partido, le devolvemos una parte y si llega al sexto juego, todo es gratis”.
Claro, para llegar a este quinto partido, antes pueden cruzársenos en el camino Argentina o Inglaterra, potencias futboleras que una y otra vez nos han dejado en el camino. La oferta es engañosa, artera y es como el fútbol, un juego que no sabremos cuándo, en realidad, podamos ganar. Tal pareciera que el fútbol es, ni más ni menos, una droga legal efectiva para mantener sumisa a la población. El fanatismo futbolero deja billones de dólares en ganancias brutas para los empresarios.
(Como mero ejemplo, el campeonato de fútbol a nivel internacional se constituye, en conjunto, como la décimo séptima economía más grande del mundo, de acuerdo con Consultores Internacionales; esta consultora asimismo estimó que el Mundial dejará, tan sólo en la capital del país, una derrama económica de más de tres mil millones de pesos, en los sectores comercio, servicios y turismo)
El espectáculo del fútbol de hoy, bien podría compararse con los juegos de la antigua Roma, donde para tener bajo control y entretenido al pueblo ofrecía “pan y circo”, como nos lo recuerda el Coliseo Romano, con sus leones y gladiadores. Hoy este circo se llama fútbol.
En realidad, el fútbol debería ser un deporte más y los triunfos o derrotas de los equipos nacionales no deberían causar delirantes alegrías o amargas tragedias. Más como ya se dijo, en México es un enorme negocio, en que los medios de comunicación han abonado el fanatismo deportivo para enriquecerse. No por obvio, debe dejar de remarcarse este deleznable fenómeno.
No olvidemos asimismo que durante el Campeonato, los aficionados se vuelven verdaderos fanáticos, que el fútbol va a la alza mientras las religiones tradicionales se muestran dramáticamente a la baja; el fútbol es más que un deporte, un espectáculo o un negocio millonario: es un fenómeno social que levanta pasiones y su influencia se siente en casi toda esfera de la vida social. La máxima de Eduardo Galiano, el escritor uruguayo: “el fútbol es la única religión que no tiene ateos” es cierta a cabalidad y lo invade todo: clero, negocios, política…
Desde luego que no está prohibido el que los aficionados gocen con este deporte momentos de gran alegría y que, incluso, olviden la cotidianeidad. Pero no podemos omitir que en nuestro país, quizá como en ninguno otro, se pague a los futbolistas salarios descomunales, de entre mil y dos mil veces el sueldo de cualquier trabajador.
Me gusta el fútbol y también grito cuando gana México; me puedo poner la camiseta verde todos los días durante un mes, pero me niego por completo a convertirme en obsesiva víctima del consumismo. Prefiero pensar que el fútbol puede ser más que comercio vil y puro. Repito, la esencia de este deporte me enloquece y demando que este deporte deje de ser mero escaparate y hasta trampolín político.
México es mucho más que fútbol, pero algunos de los calificativos a la escuadra nacional, nos identifican. Aunque no queramos, hoy por hoy somos pamboleros. ¿Usted qué opina?

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