EL TESTIGO

La noche repleta de lluvia obliga al gato a permanecer en el pretil. Bajo la cornisa que cubre la ventana, en silencio, se asoma a través del cristal lamiéndose los bigotes. Espectador de un ritual incandescente, saborea el calor que despide el amor de dos siluetas revolcándose en la húmeda penumbra. Hombre y mujer: una fusión apasionada.

A ritmo desenfrenado, ella es poseída, y, en el espasmo causado por el vértigo del deseo, él gime con instinto animal. Converge su mirada con los felinos ojos que lo observan. En el vidrio, se empalman dos reflejos diluidos en una imagen. El gato, desde afuera, abandona su materia y entra en el cuerpo del hombre extasiado. El jinete del amor también sufre la mudanza; la noche, repleta de lluvia, lo obliga a permanecer en el pretil donde, en silencio, se asoma a través del cristal

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