JORGE MAJFUD

>Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Georgia. Autor de más de una veintena de libros, es miembro del PEN Club Internacional

Uno de los escritores y críticos más relevantes de la historia de Estados Unidos, Mark Twain, no sólo fue prolífico en sus denuncias contra el imperialismo de su país, sino que también, junto con otros destacados intelectuales de la época, en 1898 fundó la Liga Antiimperialista, con sedes en una decena de estados hasta los años veinte, cuando comenzó la caza de antiamericanos, según la definición de los fanáticos y mayordomos que siempre se amontonan del lado del poder político, económico y social.

Para estos secuestradores de países, antiamericano es todo aquel que busca verdades inconvenientes, enterradas con sus víctimas, y se atreve a decirlas. Hasta el día de hoy, han existido estadounidenses y extranjeros de amplia preparación intelectual y valor moral que han continuado esa tradición de resistencia a la arbitrariedad, la brutalidad de la fuerza y la narrativa del más fuerte, a pesar de los peligros que siempre acarrea decir la verdad sin edulcorantes. Este fanatismo ha llegado al descaro de algunos inmigrantes nacionalizados que acusan a aquellos ciudadanos nacidos en el país de no ser lo suficientemente americanos, como supuestamente lo son ellos cuando van a la playa con pantalones cortos pintados con la bandera de su nuevo país.

Donald Trump y Joe Biden

Pero si la gente de la cultura, del arte y de las ciencias está de un lado, es preciso mirar al otro lado para saber dónde están el poder y sus mayordomos. En noviembre de 1979, la futura asesora de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, promotora de la asistencia a las dictaduras militares, a los “Contras” y los escuadrones de la muerte en América Latina, había publicado en la revista Commentary Magazine una idea enraizada en el subconsciente colectivo: “Si los líderes revolucionarios describen a los Estados Unidos como el flagelo del siglo XX, como el enemigo de los amantes de la libertad, como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, entonces no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos.

Mark Twain

” Ésta es la idea de democracia de la mentalidad imperialista y de sus servidores que detestan que los llamen imperialistas y que tiene, por lo menos, 245 años de edad. ¿Cómo explicar esta contradicción histórica? No es muy difícil. Estados Unidos posee una doble personalidad, representada en el héroe enmascarado y con dos identidades, omnipresente en su cultura popular (Superman, Batman, Hulk, etc.). Es la creación de dos realidades radicalmente opuestas.

Por un lado, están los ideales de los llamados “Padres fundadores”, quienes imaginaron una nueva nación basada en las ideas y lecturas de moda de la elite intelectual de la época, las ideas de humanismo e ilustración que también explotaron en Francia en 1789, el mismo año en que entró en vigor la constitución de Estados Unidos: liberté, égalité, fraternité. La mayoría de los fundadores, como Benjamín Franklin, eran francófilos. A diferencia del resto de la población anglosajona, Washington sólo iba a la iglesia por obligación social y política. El más radical del grupo, el inglés rebelde Thomas Paine, el principal instigador de la Revolución americana contra el rey George III, la monarquía y la aristocracia europea, era un racionalista y látigo de las religiones establecidas.

El padre intelectual de la democracia estadounidense, Thomas Jefferson, había aceptado la ciudadanía francesa antes de convertirse en el tercer presidente y sus libros fueron prohibidos por ateo. No era ateo, sino un intelectual francófilo, secularista y progresista en muchos aspectos, pero también era un hijo de la realidad opuesta: al tiempo que promovía ideas como que todos los seres humanos nacemos iguales y tenemos los mismos derechos, Jefferson y todos los demás “Padres fundadores” eran profundamente racistas y tenían esclavos que nunca liberaron, incluidas las madres de sus hijos.

 Aquí la otra personalidad estadounidense, la que precisa de la máscara para convertirse en superhéroe: se formó con los primeros peregrinos, los primeros esclavistas y continúa hoy, pasando por cada una de las olas expansionistas: una mentalidad anti iluminista, conservadora, ultra religiosa, practicante de la auto victimización (justificación de toda violencia expansionista) y, sobre todo, moldeada en la idea de superioridad racial, religiosa y cultural que confiere a sus sujetos derechos especiales sobre los otros pueblos, que deben ser controlados por el bien de un pueblo excepcional y con un destino manifiesto, para el cual cualquier mezcla será atribuida al demonio o a la corrupción evolutiva, al mismo tiempo que celebra “el crisol de razas”, la libertad y la democracia.

Bronce de Thomas Jefferson en el campus de Columbia de la Universidad de Missouri

Estados Unidos es el gigante producto de esta traumática contradicción, la que conservara siempre desde su fundación y la sufrirán “los otros”, desde los indios que salvaron del hambre a los primeros peregrinos y los que fueron exterminados para expandir la libertad del hombre blanco hasta las más recientes democracias destrozadas en nombre de la libertad, todo lo cual ha llevado a que, como ningún otro país del mundo moderno, Estados Unidos nunca haya conocido un lustro sin guerras desde su fundación. Todo por culpa de los demás, de los otros que nos tienen envidia y nos quieren atacar, con el resultado estimado de millones de muertos debidos a esta tradición de guerras perpetuas “de defensa” en suelo extranjero

*La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina, tomado del diario Página 12 y del Portal Escritos Críticos. Del autor: “En cierta forma, este libro es una forma de recordar a mi querido amigo Eduardo Galeano, a 50 años de la salida de Las venas abiertas de América Latina.”

Share.

About Author

Comments are closed.