Nicolás Duran de la Sierra
EL MINOTAURO

Si bien en estos días han abundado informes positivos respecto de los avances contra el coronavirus, la etapa final de la lucha contra éste aún está lejana. El respeto a la “sana distancia” y el aislamiento serán prácticas que habrán de mantenerse algunos meses, en lo que se dispone de medicamentos para enfrentar la epidemia. Antes de ello, relajar estas medidas se antoja suicida.

Cierto es que inicio ya la fábrica en el país de pulmones artificiales y de mascarillas sanitarias de alta eficiencia o que se analizan tratamientos contra el Covid 19, pero aún nos falta camino, como lo ha explicado una y otra vez el doctor Hugo López Gatell, atinada voz oficial en este trance, y al que han tratado de denigrar grupos que se niegan a entender que el país ya cambió.

En Quintana Roo, uno de los estados más afectados por el desplome del turismo, su única industria de relieve, la desesperación ha comenzado a extenderse entre una población que siente próxima a la pobreza y lejana a la reactivación económica, y en tal crispación las medidas de contención epidémica se han relajado, lo que pone en riesgo los avances logrados.

En este contexto tienen singular relieve los llamados del gobernador Carlos Joaquín para no dejar las prácticas de la “sana distancia” y el aislamiento social, pues de no acatarlas no se lograría alcanzar la luz amarilla en el semáforo sanitario del país, y no se reactivarían muchas fuentes económicas este primero de junio, y entonces sí cobraría cuerpo el fantasma de la pobreza.

El fin de la lucha contra la epidemia, como se dijo, está a la vista, pero aún no se halla cercana y no lo estará en tanto no resulten exitosos los esfuerzos por encontrar la vacuna contra el Covid 19. La ciencia es nuestra única vía y en ella hemos ganado algunos tramos. México, sus científicos, es parte del panel que busca el medicamento y eso es alentador. Hay que tener paciencia.

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