El Minotauro

Nicolás Durán de la Sierra 

La XVI Legislatura estatal, la que está por concluir, es acaso la peor que ha tenido Quintana Roo y eso que la anterior fue también de dar pena. Los diputados que se van, con Eduardo Martínez Arcila a la cabeza, deberían sentir vergüenza por acabar su gestión entre dos juicios de amparo, uno para que no cometan un abuso y el otro para que, antes de irse, cumplan con sus tareas.

A pesar del amplio rechazo de asociaciones civiles, esta legislatura insiste en imponer a una de sus pares en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, lo que no han logrado por mediar un amparo en contra, en el que se asienta que las leyes federales fijan que no se puede legislar en beneficio propio. La lucha que encabeza la periodista Graciela Machuca continúa en los juzgados.

Pero con todo y ello, con la fracción panista al frente, no cejan en su afán por hacerse de la comisión, la que  tienen como bastión de su partido, y la que representa el manejo de cientos de plazas en todo el Estado y, por encima de todo, la administración de casi 250 millones de pesos en los cuatro años que dura el comisariato. Creen que es su seguro de desempleo y por ello porfían. 

El otro amparo, colectivo, fue interpuesto para obligar a la actual legislatura a acatar el fallo de la Suprema Corte de Justicia y se garantice el derecho al aborto en cualquier causal, un fallo que obliga la modificación del código penal estatal para el efecto y que ha sido desoído a propósito por los legisladores panistas, los que alegan tardías razones morales sobre un tema ya juzgado.

Como se ve, la legislatura que fenece está lejos, muy lejos de representar a la comunidad estatal, ya sea por sus trafiques o sus prejuicios. A los amparos ya dichos, que no fueron los únicos en su gestión, deben sumarse las muchas denuncias en su contra por el mal manejo de los recursos públicos… Y la legislatura más turbia en la historia del Estado se va tan campante y risueña.

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