Nicolás Durán de la Sierra

De importancia toral para el futuro inmediato de México será la reunión de este próximo miércoles, en San Luis Potosí, entre los integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores y el presidente López Obrador. En ella se pactará la creación de un fideicomiso –se habla de 70 mil millones iniciales- para frenar la recesión generada por el impacto del Coronavirus en nuestro país.

Se trata, pues, de adquirir nueva deuda pública federal, pero con aval de estados y municipios, para dar vigor al Fondo de Estabilización de los Estados, un fondo para atender emergencias económicas que al inicio del año se vio afectado por la caída de los precios del petróleo, y luego por la citada recesión que afecta a todo el mundo.

El préstamo, que se negocia con el CIBanco y que podrá ampliarse hasta los cien mil millones de pesos, tendrá un costo para los estados y municipios que se sumen al proyecto, pues conlleva una resta del cuatro por ciento, por quince años, de sus participaciones federales. En el Estado, al menos el Municipio Benito Juárez se apuntó ya y Solidaridad va por la misma ruta.

Buscar una nueva deuda no es para alegrarse, pues se suma a los más de nueve billones 300 mil millones de pesos que debemos hasta ahora, pero, al igual que para los numerosos países que han tenido que ir por esta vía, no había otra opción; la galopante recesión dejada por el Covid 19 en el mundo tiene comprometidas las finanzas de casi todas las naciones.

Si bien no se ha dado anuncio oficial alguno, es posible que el Estado se sume al fideicomiso, pues sus arcas están dañadas, sobre todo por la caída del turismo, su mayor fuente de ingresos. Cual se dice en marino argot, hasta ahora el gobierno ha podido capotear la tormenta, pero la mar de buenos vientos, la de la abundancia, se asoma apenas en el horizonte. Mejor tomar previsiones.

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