Por Agustín Labrada
“Quintana Roo es uno de los estados que más ganancia genera a la nación y uno de los más sometidos al bajo presupuesto para su cultura, lo que pone en riesgo su frágil identidad y lo deja desnudo ante la penetrante globalización”
La cultura institucionalizada de Quintana Roo que se hereda del anterior gobierno requiere de una profilaxis, desde su estructura interna hasta el trazo de una política cultural definida que ancle sus fines en la sensibilización de la sociedad, en proyectar el arte más representativo dentro y fuera del estado, en el apoyo a los artistas, en proteger y difundir el patrimonio cultural, y en el fortalecimiento de los talleres y las escuelas de arte.
La praxis ha demostrado que para lograr esto se necesita de voluntad gubernamental y creo que es el momento idóneo, en tanto comienza una nueva historia con una mujer como Mara Lezama al frente del estado y el retorno, con mayor madurez y experiencia, de Lilian Villanueva para dirigir el ahora Instituto de la Cultura y las Artes, que ha sobrevivido con un presupuesto muy bajo y el menosprecio de los anteriores partidos políticos en el poder.
Una vez que el gobierno genere el presupuesto adecuado, pienso que debe conformarse un grupo directivo cuyos integrantes cuenten con formaciones artísticas e intelectuales, que tenga aspiraciones de servir a la cultura y no de usar los cargos como peldaños políticos. Perfiles análogos se precisan también para el resto de los promotores culturales, investigadores, maestros de arte, comunicólogos, bibliotecarios, guías de museos…
Definida la institución y su política cultural, contando con los fondos y la plantilla apropiada para esta tarea, habría que priorizar asuntos tan importantes como la educación estética, la campaña por la lectura, la cultura comunitaria, la investigación histórica en todas sus ramas con peso en manifestaciones artísticas, el apoyo constante y justo a los creadores más connotados, la difusión del patrimonio tangible e intangible como identidad.
En las escuelas de arte y aun en los talleres de las casas de cultura, se realizan labores esenciales de sensibilización y formación artística. Por ello el diseño de estos programas debe ser riguroso para que tenga consecuencias positivas en la comunidad. Asimismo, ha de elegirse un cuerpo docente calificado, cuya entrega a estos proyectos fructifique en nuevas generaciones, que también generen arte y lo compartan con el pueblo.
Al estimularse la investigación y otorgarles recursos a los investigadores para realizar las mismas, crecería el conocimiento del entorno y de la historia y con ello el acervo espiritual del Caribe mexicano, que ha de difundirse en el espacio propio y allende las fronteras; y abriría puertas y referentes para otras investigaciones y para ir redondeando el perfil histórico del estado más joven y cosmopolita de México.
Con la promoción de las investigaciones socio-culturales, se promovería también la lectura en su más amplio sentido, donde juegan roles fundamentales la red estatal de bibliotecas públicas y las agrupaciones de escritores, las revistas literarias y los propios libros que edite el instituto, los programas radiofónicos y televisivos, y los espacios de redes sociales destinados a incentivar el hábito lector y el gusto por la literatura.
Quintana Roo ha logrado un alto nivel en la creación literaria. Algunos de sus autores han obtenido premios internacionales y figuran en publicaciones y antologías en el mundo. Se necesita un mayor apoyo para las revistas literarias, secundar los concursos literarios existentes y la creación de uno estatal, que crezcan las ediciones de libros y seguir estimulando los talleres literarios, las lecturas de obras y los encuentros de escritores.
Sería beneficioso que se implemente el apoyo financiero y promocional constante, al margen de las becas competitivas, a los artistas más destacados de la entidad; aquellos que cuentan con suficiente trayectoria y cuyas obras son reconocidas a nivel nacional y en el extranjero, que finalmente quedarán como parte del legado junto con algunas tradiciones comunitarias, edificios históricos y arraigadas manifestaciones de la cultura popular.
En el rescate de la infraestructura, no sólo han de incluirse los inmuebles con que cuenta hoy la institución, sino también, en convenio con otras dependencias, aquellos que ya son patrimonio y resultan atractivos para el turismo cultural, como las casas antiguas chetumaleñas, el corredor escultórico Chactemal, los edificios coloniales hispánicos y otros entornos de valores emblemáticos que se hallan en diversos pueblos y ciudades.
Creo también que deben crearse una compañía estatal de bailes folclóricos, una compañía estatal de ballet clásico y una compañía estatal de teatro, con los mejores artistas de esas manifestaciones, tras un proceso de selección, quienes contarían con salarios profesionales para dedicarse al arte y representar con sus montajes el estado dentro y fuera de México. Debe, asimismo, mantenerse el Festival Internacional de Cultura del Caribe.
El nuevo instituto podría tener el personal administrativo preciso, y las gestiones que en él se realicen, en todos los sentidos, deberían ser lo menos burocráticas posibles. Igualmente, ha de exigirse al gobierno un presupuesto mayor tanto para los salarios de los trabajadores de esa dependencia como para la infraestructura de sus instalaciones y, sobre todo, para los proyectos de creación artística y de incidencia comunitaria.
Quintana Roo es uno de los estados que más ganancia genera a la nación mediante el turismo y uno de los más sometidos al bajo presupuesto para su cultura, lo cual lo pone en riesgo con su frágil identidad y desnudo ante la globalización penetrante, que tiene en el Caribe mexicano un blanco para la destrucción identitaria. Por ello hay que poner énfasis en la participación ciudadana y en el acceso de la población a los bienes culturales.
Un nuevo instituto ha de tener una amplia cobertura que satisfaga las expectativas y necesidades de la sociedad quintanarroense, con respeto a sus raíces y en diálogo con el orbe, con respeto al medio ambiente y promoviendo las manifestaciones populares y las tradiciones indígenas, apoyando a los grupos desfavorecidos, volviendo sustentables las casas de cultura, llevando el arte a la calle y que este arte tenga cada vez más calidad.
Quintana Roo ha de salir de su rezago cultural, desburocratizando su dinámica a tono con las tendencias del nuevo siglo y estimulando la creatividad y la imaginación, pues el arte es el espejo de los pueblos y se espera que de un pueblo tan pluricultural como el quintanarroense emerjan creaciones originales que trasciendan y distingan a este pedazo de México donde, aseguran los mayas desde la antigüedad, nace el cielo.


