El Minotauro

Nicolás Durán de la Sierra


La revocación del mandato que hoy vivimos es histórica en México y lo incluye en la selecta lista de seis del mundo que la contemplan en sus leyes. En el afán por la llamada “democracia participativa” están, entre otros, Bolivia, Ecuador, Argentina, Canadá, Suiza y Estados Unidos, aunque en estas últimas naciones no tienen alcance presidencia, sino sólo provincial o estatal.

El nuestro es un ejercicio nuevo y, claro está, en cierto sectores despierta recelo. Es normal, pero el camino hacia esta forma de la democracia se abrió ya y ya no hay marcha atrás. Ya no sólo iremos a las urnas para elegir gobiernos, sino también para calificarlos y luego para poder opinar en temas de nuestra civilidad, como por ejemplo la concesión del agua doméstica.

Hace tres años México dio un gran paso en lo que toca a su vida democrática y este ejercicio lo refrenda. Si un grupo social desea que el presidente López Obrador se vaya, como lo ha expresado en muchas ocasiones, este es el momento para que lo diga con votos. De no hacerlo aunque también es un derecho, dejaría ver lo errático de sus voces. Allí están las urnas.

Desde luego que, dados los altos índices de aprobación del mandato presidencial, es difícil que sus voces tengan el eco que creen que tienen, pero la oportunidad para decirlo está abierta y tienen más peso que burlas y sarcasmos en redes y muchos medios de comunicación, aunque desde luego no todos, que hay los que buscan el equilibrio periodístico en sus emisiones.

Sin embargo, ese ejercicio democrático presenta un alto grado de dificultad pues, de entrada, en el país no se contará ni con la mitad de las urnas que en la elección del 2021, pues el INE, alegando falta de dinero, sólo abrió poco más de 57 mil casillas y no las casi 163 mil que en la justa del año pasado, es decir, abrió apenas el 60 por ciento de las urnas.

Ante este bajo número de casillas es en realidad difícil que se logren los poco más de 37 millones de votos que se necesitan para que este proceso sea vinculante, es decir, que tenga valor jurídico en uno u otro sentido, por lo que la meta de llegar a la asistencia del 40 por ciento del padrón está cuesta arriba, partiendo de las omisiones de la autoridad electoral.

Pese a ello, es un ejercicio democrático que marcará un precedente en nuestro país y allí radica su valor: por primera vez en nuestra historia se nos pregunta, a mitad de un mandato, si éste nos gusta o no y si, acaso, queremos buscar una nueva opción. Este es el primer paso para participar de manera más activa en la vida política de nuestro país. No la desperdiciemos.

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