El Minotauro

Nicolás Durán de la Sierra

No hay duda de que Quintana Roo y sobre todo su zona norte, están en el buen ánimo del gobierno federal. La posibilidad de tender un aeropuerto cerca de Tulum, la recién planteada por el presidente López Obrador en su habitual conferencia matutina, abona en tal sentido. La edificación de la terminal aérea vendría a complementar el proyecto del Tren Maya.

La idea, que hasta el momento es sólo eso, no es nueva: fue expuesta en 2006 por el otrora diputado federal Carlos Joaquín González, hoy gobernador, y se retomó en 2010, pero el plan no fraguó por falta de inversión–costaría unos 250 millones de dólares- y por trabas burocráticas. De hecho, el terreno para el proyecto fue comprado por el gobierno estatal de aquel entonces.

Ahora, aun cuando por el momento se trate de un mero esbozo, la posibilidad es real. Su concreción sería en el mediano plazo, “cuando regresemos a la normalidad”, según dijo el presidente. Su viabilidad se basa, también, en el crecimiento de un mercado turístico que hoy oferta unos treinta mil cuartos hoteleros, muchos más de los que había hace diez años.

El anuncio fue recibido por el gobierno estatal con cierto recelo, pero le dio la bienvenida, pues generaría un gran flujo de dinero para el Estado desde el comienzo de su propia tendido, aunque fuera confiado al ejército como en el caso del Aeropuerto de Santa Lucía. Claro está, el presupuesto sería mayor que el anterior y, se asegura, provendría de fondos públicos y privados.

Para concretar la idea, sin embargo, habrá que superar problemas técnicos, como la cercanía de los aeropuertos de Cancún y Cozumel -una de las trabas en el 2010; la mecánica de suelos, dada la abundancia de cavernas y el cuidado ambiental, pero los beneficios que traería la nueva terminal serían de gran para el crecimiento de la región, sobre todo para el centro-sur estatal.

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