Nicolás Durán de la Sierra


La reciente visita del presidente López Obrador a Playa del Carmen resultó favorable para Quintana Roo tanto en términos financieros como políticos, sobre todo en este último espacio. Los elogios presidenciales hacia el gobernador Carlos Joaquín González y hacia Laura Beristaín, la alcaldesa playense, no dejan dudas sobre que están en su buen ánimo.

Esto no implica que en lo económico la visita haya sido menor, pues se entregaron obras en Playa del Carmen, comenzó la regularización de dos grandes colonias de esa ciudad y se anunciaron inversiones para Cancún, sino que por la cercanía de los procesos electorales, el sesgo político tiene especial relevancia, pues de hecho los partidos ya están en campaña.

Los elogios del presidente hacia Carlos Joaquín, al que calificó con justeza como “hombre decente” y “hombre de bien”, son corolario de una larga labor de relojería entre el gobernador y el jefe del Ejecutivo, en un tiempo difícil para todos y en el que las crisis han sido mucho más que los acuerdos y estos son, al final, los que agilizarán la reactivación económica del Estado.

Hacia la alcaldesa Laura Beristaín, el presidente López Obrador tuvo una especial deferencia al darle voz en el acto principal de la jornada, lo que no es común en sus giras. Ella, hábil, aprovechó el estrado para estrechar lazos con el mandatario y, sobre todo, para afianzar su reelección en la alcaldía de Solidaridad, la que cada vez ve más cercana, pues no tiene competidores de peso.

La visita presidencial trajo, cual se dijo, beneficios en lo económico y en lo político, sobre todo para Morena. En el tintero queda la solución del problema en la Colonia Colosio, conflicto de posesión de tierras que tiene casi cincuenta años, pero se avanzó en tal sentido y se espera que pronto se diluya. De cara a los procesos electivos en puerta, el tren de López Obrador avanza.

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