El pasado marzo, el Instituto Nacional de Bellas Artes otorgó la Medalla Bellas Artes del año de 2017 al escritor Héctor Aguilar Camín “por sus grandes aportaciones a la cultura de México”, según señalara Lidia Camacho, directora de ese organismo, en una ceremonia realizada en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.

En el evento, María Cristina García Cepeda, la secretaria de Cultura, destacó: “Son muchas cosas las que tenemos que agradecer a Héctor Aguilar Camín: sus cuentos y novelas, su pasión por la historia y el periodismo, su faceta de editor, su espíritu de cronista de su tiempo, su sorprendente capacidad para tender ese puente de ideas entre el pasado y la actualidad, para tratar de encontrar la brújula del futuro.”

“La obra de un escritor tan apasionado y atento como Héctor –añadió– es parte de nuestra biografía. Desde Morir en el Golfo hasta Adiós a los padres, ha hecho de la escritura de ficción un compromiso: escribir bien; y eso es la búsqueda de lo verosímil, porque la verdad literaria está en la complicidad entre el libro y el lector en el mágico espacio de la intimidad.”

Presentamos aquí fragmentos del discurso de Aguilar Camín tras recibir la importante presea:

“Me hice escritor para contar la historia de mi casa. No fue una decisión artística, fue una necesidad melancólica, una larga, demorada, urgencia vital. Mi literatura ha cojeado siempre de ese lado que José Revueltas llamaría el lado moridor, el lado de la pérdida, el lado del destino que, según la metáfora árabe: ́Atropella a los hombres como un camello ciego ́. La metáfora alude al azar, adverso e independiente de nuestra voluntad, pero creo que todos somos nuestro propio camello ciego.”

Se hizo escritor por la boca de su madre y de su tía, “por contagio de sus palabras, por extensión del vigor y la alegría con que aquellas hermanas contaban, una y otra vez, la historia del regreso del loro desplumado que el ciclón se había llevado por los aires a Cuba; o la historia de la noche en que mataron, en el silencio de los grillos de Chetumal, a Pedro Pérez…”

“Sin la literatura, sin las historias que he podido escribir –perpetrar, diría Borges– mi vida sería infinitamente más pobre de lo que es, y más ignorante de sí misma. Sé muy bien del saber y de la alegría que hay en escribir, y del gesto inmodesto de creer que la escritura puede bastarse a sí misma para corregir el mundo.”

 II

“Hemos soñado de más y conseguido de menos. México será algún día un gran país, un país moderno y hospitalario para la mayoría absoluta de sus hijos, pero no lo será por los aciertos que se hayan cometido en el curso de mi generación, no al menos por una historia de aciertos sostenidos. Hemos intentado todas las fórmulas probadas en otros países para dejar atrás al subdesarrollo, como se decía en mis tiempos, y las hemos vuelto insustanciales, insuficientes e ineficientes, cuando no parodias perniciosas llenas de resultados contrarios a los buscados.

“Estamos lejos de ser el país próspero, equitativo y que se propuso formar mi generación. Hemos corrompido nuestra democracia, destruido nuestra seguridad, hemos achatado, precarizado nuestra economía y nuestros salarios, hemos profundizado nuestra desigualdad. La historia de las equivocaciones colectivas de estos años es notoriamente más populosa que la de los aciertos. No hemos sido los peores en esto de equivocarse mucho, pero eso no es un gran consuelo.

“La responsabilidad mayor es, desde luego, de los gobiernos, pero también de su oposición, de sus oposiciones, de sus malos hábitos y las pobres convicciones de la sociedad, de la baja calidad de sus medios, de sus empresas, de sus iglesias, de sus intelectuales, de su clase dirigente.

“Podría parafrasear a Daniel Cosío Villegas, cuan- do en 1947 dijo que todos los hombres de la Revolución mexicana, sin excepción, habían estado por debajo de las exigencias, y decir, setenta años después, que todos en mi generación, sin excepción, hemos estado por debajo de las oportunidades que la historia nos brindó y más por debajo aún de lo que nos propusimos y logramos. Hemos sido inferiores a lo que soñamos.

“Me consuelo pensando que el país es más grande que sus males, más vital que sus vicios y más inteligente que las ilusiones de sus hijos.”

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