Cuando en 2012 publiqué 12+1 una antología de poetas madrileños actuales (Endymion, Madrid), Antonio Daganzo había publicado tres libros de poemas y tenía en prensa el cuarto. En esa antología escribí sobre él:

“Hace una poesía de factura sencilla y de interpretación difícil, pues incluye una dimensión implícita y sutil que a menudo vira a lo surrealista, enlazando de ese modo con una parte de la generación del 27 (Cernuda, Larrea, Aleixandre, sobre todo Aleixandre). Poesía que respira al ritmo de la música y que no desecha las formas clásicas de expresión. Dolores y sueños de infancia. Noche y noche, precursora del día. Irradiantes miradas. Notas palpitadas. Conciencia doliente y, con todo, esperanzada. Poesía que canta y canta, y nos envuelve de luz, de melodía y de ritmo con una rara precisión, como de partitura y metrónomo. Poeta en plenitud. Poesía consciente de sí. Poesía que vive y que contagia vida. Poesía”.

Nada de lo que le he leído después, por ejemplo, su recientísimo libro Juventud todavía (2015) me ha hecho cambiar de opinión. Si acaso me la ha confirmado. En Antonio Daganzo, además de un musicólogo de altura, anida un poeta esencial y profundo, un árbol robusto y frondoso cuyas raíces se hunden en el fértil humus del romanticismo
y cuyos frutos se nos muestran, sin cesión a coyunturas o alharacas, sazonados de modernidad, de cotidianeidad y de experiencia en cada nueva entrega. Para mí es un placer leerle. Espero que también lo sea para ustedes. (Alberto Infante)

Antonio Daganzo (Madrid, 1976) Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado los poemarios Siendo en ti aire
y oscuro (2004), Que en limpidez se encuentre (2007) y Mientras viva el doliente (2010, libro recomendado por
la hispana Asociación de Editores de Poesía y nalista del Premio de dicha asociación como mejor obra de habla hispana de ese mismo año. Llamarse por encima de la noche (Santiago de Chile, 2012) fue su primer libro publicado en Iberoamérica, con fondos el patrocinio de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Administración de la Universidad de
la Frontera (Chile) y Mención de Honor ‘Luis de Góngora
y Argote’ de Poesía del Instituto de Estudios de Literatura Contemporánea de España. Tiene en prensa un ensayo de divulgación sobre la música culta.

Fuera y dentro
Fuera madrugo,

rindo mi mejor ley

a los horarios

por si acaso mi nombre

no acertara a burlarse de sí mismo.

Os encuentro

y un furtivo entusiasmo me demuestra
toda la voluntad que nos empuja,
juntos, conmovedores,
semejantes,

todavía tan nos de bisagras.

Así sea, qué importa.

Pero después
que no nos falten verbos

donde puedan caer las ilusiones
lentas y frías,

como nieve.

Verbos de intimidad,
de desenlace:
merecer, confesar,
amar,
arder muy dentro.

Bajo la nieve derretida,
ahogado y transparente,
quizá sepa mostraros,
más honda,
la esperanza.

Guardarropía
Que los osados ostenten sus caprichos:
yo,

valiente sin estrella,

te llamo mi memoria.

La palabra cerrada,

el viento que perdí,

la luz que cayó en tierra con los brazos,
los brazos del silencio

por la sal,

el miedo,

el agua sola.

Y la lágrima el de aquel poema
que aún tiembla cuando lloro.

Esto me guardas,

recordándome siempre la primera derrota
y tantas cobardías.

Valiente sin estrella,

hoy contemplo los trajes agotados.
Te llamo mi memoria;

incluso más:

te limpio de nostalgia.

Amigas en otoño
Queridas esperanzas:

cuántas tardes,

cuántas tardes habladas sin sus noches
nos han visto inventar

los absurdos más bellos.

Y el mayor fue aquel junio

que desnudó su altura antes de hora
para quemarnos el estío

con toda la imposible luz

del corazón.

Cómo llegó el sosiego,

amigas quizá amadas

que volvisteis un árbol cada abrazo,
que bajasteis los ojos,

sabias, nobles,

ante la ingenuidad de mi osadía,
que me quisisteis vuestro amigo.

Sabed que en el inicio del otoño,

aquí, tan de repente,

donde la plenitud calla y se dora

como el verdor insomne de un secreto,
vislumbro la grandeza que dejasteis en mí
y os doy las gracias.

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