Miguel Borge Martín, ex gobernador y fundador de la Universidad de Quintana Roo

La creación de Cancún no solamente dio a conocer al mundo los atractivos y las bellezas del Caribe mexicano, sino también dio gran impulso al desarrollo turístico de toda la región. A partir de la apertura de su primer hotel en 1974, el centro vacacional creció a grandes pasos llegando en 1985 a tener más de seis mil 500 cuartos, en 1990 unos 18 mil y en 1995 unos 20 mil. En el año 2000 alcanzó 24 mil habitaciones. Hoy podemos hablar de unos 34 mil espacios en operación. El éxito de Cancún favoreció la llegada de más capitales al Caribe mexicano, con lo que otros puntos de Quintana Roo se fueron sumando al crecimiento del sector turístico estatal. Pasando los años, se delineó una franja costera de cerca de 90 kilómetros de largo, conocida como la Riviera Maya, que tiene actualmente más de 45 mil cuartos. Hoy, la entidad cuenta con entre cien y ciento diez mil cuartos hoteleros con una satisfactoria tasa de ocupación, con un promedio anual que va del 80 al 82 por ciento. Mucho ha contado la excelente conectividad aérea del aeropuerto de Cancún, que tuvo un movimiento reportado por ASUR de más de 23 millones 601 pasajeros en 2017, y el que puede llegar a un total cercano a los 26 millones al cierre de 2018. En el área, la famosa ecuación “cuartos-vuelos-cuartos” ha funcionado a la perfección.

La rapidez con que se produjo este desarrollo muestra, en gran medida, la imagen de éxito que tiene el turismo en Quintana Roo con la llegada de 11 millones 523 mil turistas en 2017. Lo que inició como un destino de sol y playa, de alta calidad, es hoy un “multidestino” con una oferta amplia de atractivos y productos turísticos que será difícil encontrar en otra parte del planeta. El turismo es la fuente de empleos para el estado (del orden del 80 por ciento) y aporta cerca del 40 por ciento de las divisas turísticas de México. Es también una referencia para la llegada de turistas a otros destinos de la región y del país, que se benefician de la imagen internacional del Caribe mexicano. Asimismo, significa una opción real de apoyo a las economías de otros estados, pues aumenta la capacidad de consumo y la derrama económica, que estimula que se establezcan en Quintana Roo sucursales de negocios originarios de otras entidades.

La oferta de empleos atrae al estado una gran cantidad de personas de otras partes de la república, y constituye una alternativa real para la estabilidad social de la región, donde la oferta laboral es insuficiente para evitar el desempleo masivo y sus graves consecuencias. De no existir la opción que ofrece el turismo en Quintana Roo, como empleador de estas personas, la región representaría un serio riesgo para el equilibrio político, económico y social del país.

Éxito turístico y crecimiento demográfico

El turismo ha impactado de manera sustancial en el crecimiento poblacional de Quintana Roo. Cambiar de 88 mil habitantes en 1970 a un volumen del orden de un millón 700 mil habitantes en el año de 2017, se debe en lo básico a la inmigración provocada por el auge turístico. Desde los inicios de Cancún y hasta hoy, se reciben en las zonas turísticas del estado fuertes flujos de migrantes en pos de mejores oportunidades de vida. Muchos han aportado al estado no sólo el producto de su trabajo, sino también la experiencia que habían adquirido en sus lugares de origen. El éxito del turismo estatal no se podría entender si se ignora la contribución de los migrantes que, en su gran mayoría, han adoptado a Quintana Roo como su nuevo hogar.

Estas corrientes incluyen a gran número de extranjeros. Se considera que Quintana Roo es el quinto estado del país en recibir a estos migrantes. Alrededor de 24 mil viven en la entidad, sobre todo en la zona norte, con el 80 por ciento de los registros. La población que ha inducido la migración representó entre el 67-75 por ciento del total de habitantes del estado en 2017.

Lo que no miden los censos

Para una entidad con vocación turística como Quintana Roo, los formatos conceptuales de los censos no permiten captar todo el impacto que tiene esta actividad sobre el fenómeno demográfico. En el esquema con que se aplican los censos, el cambio en el número de habitantes es el resultado de sumar a los que están los que nacen, restar a los que mueren, agregar a los que llegan, y restar a los que se van. Sin embargo, con este esquema no se explica de manera cabal el fenómeno demográfico que abordamos, donde el elevado número de turistas que llega renta muchos cuartos de hotel, los mantiene ocupados gran parte del año y produce un impacto en el tamaño de la población que en los censos y los conteos no se puede registrar. En el formato de los censos, los turistas forman parte de “los que llegan” y, en la misma línea, forman parte de “los que se van”, y, su contribución al incremento de la población es “cero”. No obstante, la realidad es diferente. Los turistas llegan y se van, pero antes de irse permanecen unos días en el estado (su estadía promedio), y cuando se van otros llegan y ocupan en un gran porcentaje (el de la ocupación media anual) los lugares que dejan los que se van.

La población estatal alcanzó un estimado de un millón 700 mil habitantes en 2017, pero nosotros sostenemos que fue mayor al considerar el incremento en la población que resulta de la incidencia directa del turismo. No es válido ignorar que la población del estado es mayor que la que se deriva de los censos, pues el fenómeno turístico induce, por sí mismo, un incremento en el tamaño de la población que en los censos no se puede medir. Considerar a todos los turistas como “población flotante” oculta la demanda adicional de servicios públicos originada por la presencia permanente de turistas en el estado y no ayuda a entender la relación “éxito-pobreza marginación”, que es uno de los rasgos característicos del crecimiento turístico.

Turistas y servicios públicos

El turismo incide de manera directa en el tamaño de la población. Índices de ocupación promedio anual del 80-82 por ciento de un total de 100-110 mil cuartos significa que de 80 mil a nueve mil 200 cuartos están ocupados de manera permanente por, digamos, dos personas en promedio, lo que dice que entre 160 mil y 180 mil 400 personas siempre están presentes en la vida diaria del estado todos los días del año.

La escala que ha alcanzado el turismo en Quintana Roo nos lleva a considerar que muchos turistas son parte ya de la vida diaria estatal. Nos los encontramos en supermercados, plazas comerciales y tiendas departamentales, hospitales y clínicas públicos y privados, centros de diversión, bares, restaurantes, taquerías, parques y otros espacios. Estas actividades las realizan los turistas de manera semejante a como lo hacemos quienes radicamos en Quintana Roo, integrándose al acontecer de la vida diaria y formando parte del paisaje humano de la entidad.

Los turistas que tienen presencia permanente en el estado comparten con los que aquí vivimos el mismo espacio y generan demandas de servicios públicos a las que las autoridades, estatal y municipales, deben dar respuesta inmediata o prioritaria, porque de ello dependen grandemente los empleos y la actividad económica estatal. Esto ocurre cuando los presupuestos de que disponen, ya de por sí insuficientes, debieran poder brindar debida atención a las demandas de la población que ya radica en la entidad, incluidos los gruesos contingentes de inmigrantes. Debe quedar claro que no estamos hablando de todos los turistas que llegan, que también generan demandas, sino de aquellos que, aunque no sean las mismas personas, mantienen siempre ocupados en un 80-82 por ciento los más de 100 mil cuartos que existen en el estado.

La ciudad de U’ulabil

El grupo de turistas que se integra a la población del estado se localiza en los espacios que les brindan alojamiento. Esto quiere decir que se encuentran dispersos a lo largo y ancho de la geografía estatal. Ante esta realidad, optamos por considerar que, a pesar de estar dispersos, es posible agruparlos como un solo núcleo de población, a manera de una ‘ciudad’, que es evidentemente imaginaria, pero que nos permite visualizar mejor la magnitud que tiene la presencia de los turistas en la entidad.

Combinamos la realidad con la imaginación y creamos una “ciudad”, a la que llamamos U’ulabil, formada por los espacios que permanentemente están habitados por los turistas que llegan a Quintana Roo. El vocablo, que quiere decir en maya “el lugar del que llega, el lugar del caminante” y por extensión, el lugar de los turistas. U’ulabil es, al mismo tiempo, una ciudad imaginaria y real, sin que esta dualidad constituya una paradoja.

Es imaginaria porque surge de una manera distinta de interpretar las cosas sin crear imágenes propias de la fantasía, y es real porque está formada por un conglomerado de personas que habitan en espacios físicos semejantes a los de las ciudades de cualquier parte del orbe. Hay que decir, en todo caso, que no se trata de una ciudad común y presenta características muy particulares.

Es crucial entender que las demandas de la población de U’ulabil se agregan a las demandas de los residentes y esto representa un reto que rebasa las posibilidades de atención de los gobiernos locales, que carecen de recursos para evitar que se generen la marginalidad y la degradación social que se asocian al éxito turístico. Esto es así porque la existencia de la ciudad no implica recursos adicionales para el estado y los municipios, ya que su población no figura en los censos ni en los cálculos de las Participaciones Federales (Ramo 28), ni en la determinación de las Aportaciones Federales (Ramo 33). La consecuencia directa es que se agranda el escenario donde coexisten el “éxito”, la pobreza y la marginación.

U’ulabil, ciudad que nació y crece con el auge turístico de Quintana Roo, genera aumentos en la población, pero no contribuye a incrementar los recursos presupuestales de la Federación, pues no se le reconoce como el grupo de población que es, debido a que en los censos no se puede captar.

Las sorpresas de U’ulabil

Al estimar el número de habitantes de U’ulabil, una sorpresa que arrojaron los cálculos es que resultó ser la segunda ciudad más grande de Quintana Roo, después de Cancún. Este hallazgo confirma lo erróneo del tratamiento de “población flotante” que reciben los turistas y explica, en buena medida, la insuficiencia de los recursos públicos del estado y los municipios para brindar una adecuada respuesta a las demandas de la población local, y a la que induce el crecimiento de la actividad turística.

Los recursos adicionales que pudiera haber recibido el estado en el año de 2017 por concepto de Participaciones Federales (Ramo 28) y Aportaciones Federales (Ramo 33), si el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y la propia Federación reconocieran la existencia de la ciudad de U’ulabil, no son nada despreciables y pueden ascender a cerca de los dos mil millones de pesos al año, dinero que permitiría frenar los efectos del ciclo “éxito-pobrezamarginación”, que se asocia al crecimiento y el éxito de la actividad turística.

U’ulabil representa una “realidad oculta” en la vida diaria del estado, que debe servir como un instrumento de apoyo para la gestión de más recursos federales, que legítimamente le corresponden a Quintana Roo. Existen réplicas de U’ulabil en otros estados del país, aunque la U’ulabil quintanarroense puede ser la de mayor dimensión en términos relativos. México tiene un enorme potencial turístico y es menester subrayar que las medidas preventivas siempre resultan ser apropiadas para evitar la descomposición social, que conlleva el crecimiento de esta actividad. No hacerlo significaría a futuro el ensanchamiento de las desigualdades y la pérdida de sustentabilidad de la actividad turística.

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