Arturo Rentería Méndez*
Cancún, el polo turístico más importante de México y el mayor escaparate ante el mundo de nuestras tradiciones, tiene desde hace veinticinco años de una gran charrería, goza  de esa práctica deportiva tan mexicana heredada de padres y que tiene sus raíces en el virreinato, cuando a nuestros abuelos se les permitiera montar a caballo para cuidar las encomiendas –haciendas- de los criollos hispanos.
La Charrería, hoy el deporte nacional por excelencia, es también importante muestrario de nuestras tradiciones. En ella, para su gala, se amalgama el talento de talabarteros y otros artesanos para crear tanto la indumentaria del charro como la del caballo: estampa de la elegancia.
Actualmente, en Quintana Roo la Charrería se practica solamente en los municipios Benito Juárez, Isla Mujeres y en Othón P. Blanco, y apenas cuenta con cerca de ciento veinte miembros entre charros y escaramuzas -mujeres- situadas en siete lienzos, la mayoría ubicados en el ejido Alfredo V. Bonfil, en el extrarradio de Cancún.
Tan escasa membrecía es una desgracia para Quintana Roo pues ello hace ver que este deporte no ha sido impulsado ni por la sociedad civil ni por los gobiernos locales, pese a su alto contenido cultural y a que presenta ante el mundo una imagen de nuestra historia.
Peor aún: no sólo no se ha preservado la imagen real del charro y de la charrería, sino que además su estampa ha sido distorsionada con fines meramente comerciales. Para nuestra vergüenza, la imagen del charro sirve para vender artesanías varias, desde zarapes hasta sombreros, en restaurantes y comercios y se usa como innoble gancho para atraer turistas a centros de espectáculos operados por extranjeros.
De este desapego, baste citar que Quintana Roo fue el único Estado en el país en que no convocó a los charros a las fiestas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, pese a que el chinaco, el antecesor del charro, participó de manera activa en la gesta que nos llevó a la independencia nacional.
Recordemos que el chinaco, por defender la patria, dejó el campo, el azadón y la coa, y los cambió por machete y rifle; desenganchó al caballo del arado, y lo monto en busca de un México libre para todos.
Hoy, diversos equipos de charrería de Cancún tienen un gran reconocimiento a nivel nacional por su gran capacidad competitiva y organizacional, entre ellos los Potros de Roca y Charros de Tres Regalos, los que han logrado que el resto del país observe a Cancún como un espacio con potencial para hacer charrería de altura.
La charrería en Quintana Roo se encuentra abandonada por parte de la Secretaría de Cultura y por la Comisión del Deporte, instancias que han preferido apoyar actividades de culturas y tradiciones importadas de Cuba o Belice, en vez de fortalecer nuestras raíces mexicanas, tanto que somos el único Estado que no cuenta con una Villa Charra Estatal.
Para mayor vergüenza, tenemos que recordar que la charrería organizada perdió hace poco el histórico Lienzo Charro del centro de Cancún para dar paso al área de estacionamiento de un estadio de fútbol.
Ante este dramático panorama es que se hace patente el esfuerzo de los verdaderos mexicanos que, pese a remar contra la corriente gubernamental, siguen impulsando este deporte y preservando esta tradición que nos identifica en todo el mundo como mexicanos. Estamos llamados a ser “la ventana al mundo de la Charrería”.

* Unión de Charros de Quintana Roo

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1 comentario

  1. Nina Camacho on

    Estoy completamente de acuerdo con todo lo que aqui se comenta y comparto el dolor que la falta de interes en nuestra cultura por parte del gobierno y gente de quintanaroo en general. Creo que no solol estamos mal en esto sino que nuestro estado y particularmente Cancun, es una ciudad sin cultura en donde no hay informacion de nada de nuestras raices, nuestra historia, costumbres, folklore, etc. No tenemos museos ni eventos verdaderamente culturales. Solo tenemos un Cancun descuidado, sucio, despintado, con areas que alguna vez fueron verdes, con banquetas destruidas y lo peor de todo, mal oliente a caño.
    Lamento estar total y absolutamente de acuerdo con cada uno de los puntos mencionados en el articulo anterior del sr. Arturo Renteria M., lamento ver a un Cancun agonizante y totalmente descuidado en todo, lamento ver una sociedad que ha perdido nuestras hermosisimas y valiosas tradiciones y cultura. Esta es solo la opinion de una simple e insignificante ciudadana cancunense.

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