Jorge Boyoli y Luciamo Martínez impusieron una marca en acrobacia aérea a 80 metros del suelo en un zeppelin en movimiento, una hazaña que les costó, sangre, sudor y lágrimas.

Era una aventura que tenía que comenzar temprano, muy temprano. Poco antes de las 6 de la mañana todo el equipo se dirigía a un costado del Parque Metropolitano de esta ciudad, donde el frío se sentía, en una madrugada en la que ni siquiera el resplandor de una tímida luna calmaba el nervio de Jorge Boyoli y Luciamo Martínez, quienes intentarían lo que nadie había hecho, imponer una marca de acrobacia aérea, literalmente, colgados de un zepellin.

Esta aventura celebraría también, y de una manera sui generis, la Independencia mexicana, ya que ambos artistas se colgaron vestidos con trajes de charro, mientras abajo la Compañía de Danza México de Colores, realizaba típicos bailables tradicionales acordes a la fecha. Aunque la cita para imponer el récord era el domingo, la misión no resultó nada fácil. Los artistas llevaban más de tres meses practicando y planeando todos los detalles; sin embargo, el sábado, apenas 24 horas antes de la hazaña, se registraron algunos problemas. “Lo hemos hecho muchas ocasiones en tierra, hoy vamos a intentarlo por primera vez ya con los arneses, las cuerdas y el riesgo que una práctica a cierta altura conlleva”, dijo Jorge, quien combina su carrera artística como conductor de televisión y empresario.

“Tenemos que ver muchos factores, la velocidad del viento es una de las principales, esa es la razón por lo cual estamos tan temprano en esta práctica. Mientras más temprano, es más seguro”, señala.

No obstante, el día no ayudó mucho. A las 8 de la mañana ninguno de los dos protagonistas realizó una sola práctica, ya que el vehículo aéreo no pudo ascender, debido al fuerte viento que corría en la zona de Irapuato, donde se llevaría a cabo el ensayo.

“Tan solo se colocaron los arneses en la góndola, y se midió la distancia para dejar todo en perfectas condiciones para mañana intentarlo ya directamente en León”, comentó Javier Merino, encargado principal del proyecto.

Así que con la confianza total en su equipo, Jorge y Luciano tuvieron que regresar a la ciudad del zapato para realizar su última práctica en tierra, confiando ciegamente en el trabajo de su equipo de seguridad.

No hay fecha que no se cumpla Llegó el domingo, todavía con la oscuridad de la madrugada, el grupo salió con rumbo al enorme parque, donde el zeppelin apenas era inflado. Sesenta minutos después, el trabajo que debía haberse realizado el sábado, se tuvo que hacer rápidamente en dos prácticas a una elevación de cerca de 100 metros. “Estamos listos, tengo ese nervio que siempre te da cuando estás a punto de lograr algo, estamos confiados en que vamos a imponer la marca”, aseguró Jorge, quien ya portaba el tradicional traje de charro, con el cual se caracterizaron. Luciano, por su parte, se notaba más cauto.

Estaba concentrado, un tipo tranquilo y quien era el encargado de mostrar confianza y madurez, ya que él era la parte experimentada del dúo. Martínez tiene el récord mundial de acrobacia en un globo, ascendiendo más de 3 mil metros, el cual consiguió el 13 de noviembre de 2020, en Cuautla, Morelos. “Fue una experiencia increíble, hubo un ruso que lo hizo en mil 500 metros, pero ya sabes que los mexicanos siempre decimos que podemos hacerlo mejor.

Y yo lo hice al doble, 3 mil metros, esa fue mi primera marca”, afirmó confiado. Sin embargo, hoy era otra historia, se buscaba imponer el récord en zeppelin, y por fin llegó el momento. Récord mundial Eran las nueve y todo estaba listo. Los artistas conectaron sus arneses, se montaron en la estructura cilíndrica que los elevaría y comenzó el ascenso, mientras abajo la fiesta mexicana estaba a todo lo que daba con sones y música tradicional mexicana, engalanada por el ballet México de Colores, un grupo de artistas de temática gay, basados en comedia musical y humor negro.

Medio centenar de personas levantaron la mirada y observaron las piruetas y movimientos coordinados de Jorge y Luciano, quienes rotaron de lado a lado y realizaron espectaculares movimientos, que levantaron los gritos y los aplausos.

“¡Vamos chicos, muy bien! Excelente, así se hace”, se escuchaba a los familiares y amigos reunidos en el lugar. Mientras los artistas seguían con su rutina llena de plasticidad. Cerca de ocho minutos en el aire y el descenso comenzó. Los gritos, aplausos y llamadas de aliento se hicieron más fuertes conforme el zeppellin regresaba a tierra desde un cielo completamente azul, sin nubes, con un tenue rayo de sol y con el festejo desde las alturas de ambos artistas, quienes sabían que el objetivo se había conseguido.

“Es increíble, lo hicimos. Todavía siento la adrenalina en todo mi cuerpo– dijo Jorge, tras unos segundos de haber pisado tierra–. Ha sido una experiencia maravillosa y lo más importante es que logramos la marca. Eso me enorgullece muchísimo. ¿Alguien tendrá un dulce que me puedan dar?, tengo la boca seca”.

La aventura se había logrado; no obstante, al buscar a su compañero, notamos que Luciano no se había desligado por completo de su arnés. Martínez decidió celebrar como él solo lo sabe hacer. Hizo que el zeppelin volviera a subir y realizó todo tipo de piruetas en el aire, motivado por la felicidad de haber logrado el éxito. “Cada quien celebra como lo siente mejor”, se escuchó entre el público. Poco después y con la emoción ya en calma. Luciano agradeció al público, pero ninguno de los dos protagonistas estaba seguro de qué altura habían logrado. “Fueron 80 metros”, afirmaba el equipo del dueto.

El capitán de la aeronave aseguraba que su altímetro había marcado 75 metros; serán otras instancias, quienes validen el récord. “Se va a enviar el video y las mediciones oficiales a las autoridades del Guinness World Records, quienes van a ser las encargadas de darle el valor que merece esta prueba”, confirmó Luciano, tal y como ocurrió con su marca personal, lograda el año anterior.

El festejo se extendió a cada rincón del parque, mientras los abrazos y emoción rodeaban el lugar. “Fue algo tremendo, hubo un momento en que Luciano mostró algo de cansancio, y tuve que acomodarlo entre mis piernas para levantarlo un poco, porque la fuerza que tienes que poner es mucha”, afirmó Jorge. Y prosiguió:

“En los entrenamientos ambos sangramos de las muñecas, por el roce constante de los aparatos de seguridad, no usamos vendas porque siento que se pierde un poco de agarre y sensibilidad; hoy me siento muy contento ya que hemos logrado el éxito”.

Finalmente, y sobre por qué se determinó que fuera León, Guanajuato, la sede para esta aventura, Jorge afirmó que era el lugar en el que el zeppelin estaba más cercano a la capital del país. “Hubiéramos querido que fuera en algún lugar como Teotihuacán, pero no correspondía con las fechas, porque deseábamos que fuera parte de la celebración del 16 de septiembre, y lo conseguimos”. El empresario lanzará un video completo de esta proeza que pretende estar listo en unos días más.

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