Por Nicolás Durán de la Sierra

En la agenda de Mara Lezama, la alcaldesa de Cancún, se contempla un proyecto crítico: reordenar el caótico sistema de transporte de la ciudad. El reciente anuncio de Jorge Aguilar Osorio, el secretario de la comuna, de que pronto saldrán de las calles las combis de pasajeros para ser sustituidas por autobuses urbanos, hablan de lo adelantado del propósito.

El del transporte urbano es un tema espinoso, pues no sólo toca los pulcros intereses de Roberto Borge y Félix González, dueños solapados de Transporte Terrestre Estatal, empresa con casi mil combis de pasajeros, sino también con las ganancias de las empresas Turicún y Maya Caribe, que suman 180 vehículos. En total son casi mil 400 camionetas para ciento quince rutas.

El negocio es enorme. Según estimaciones del 2016 del Municipio Benito Juárez, casi 360 mil personas hacen uso diario del transporte público, entre camiones y combis, con un gasto promedio de 20 pesos en el área urbana, pues en la zona hotelera alcanza los 30 pesos diarios. Cálculos de las propias camioneras, dicen que ya se atienen por día a casi cuatrocientos mil usuarios.

No será fácil ordenar el transporte urbano de Cancún,  un sistema lastrado tanto por la “mafia camionera”, la de los empresarios del ramo con sus abogados, como por los intereses políticos antes dichos, que no cederán el millonario negocio sin luchar en todos los frentes. La de Mara Lezama será una lucha larga, una lucha que se hasta ahora se había postergado trienio tras trienio.

El caos que priva en el transporte público de Cancún, el que ha dejado una cauda de accidentes viales, muchos de ellos mortales, se refleja también en el saturado tránsito de la ciudad. No podría ser de otro modo si, por ejemplo, sólo en la principal avenida Tulum pasan al día mil 200 camiones y camionetas, sin contar taxis y camiones foráneos. Se trata de un proyecto inaplazable.

 

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