> ALEJANDRO CANCHÉ ESCAMILLA

Investigador y epigrafista de la cultura maya

Entre los elementos que definen a una civilización está su lengua, oral o escrita, y, si bien ésta evoluciona, conserva su estructura esencial; va más allá de guerras y de migraciones, por sólo citar algunos fenómenos. Su permanencia determina el desarrollo intelectual, espiritual y social de los pueblos, y también les da sentido de identidad, crea lazos, expresa ideas y emociones, y cuenta su historia, que es el fundamento de la Historia.

Es difícil saber con exactitud cuántas lenguas se hablan hoy en día, pero la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) estima que son más de siete mil, de las cuales 28 son habladas por más de 50 millones de personas y, al menos, un 43 por ciento ellas están a punto de desaparecer.

Entre los factores que contribuyen a tal desaparición están los prejuicios políticos y raciales, que hacen que las lenguas nativas, originales o maternas, sean sometidas por lenguas dominantes so pena de quedar excluidos del desarrollo económico, político y cultural del país…, aunque a sabiendas de que se corre el riesgo de la desaparición de las lenguas locales. Ante el escenario de la desaparición de numerosas lenguas originales, y para apoyar su supervivencia, es que en 1999 la UNESCO acordó celebrar el 21 de febrero de cada año el Día Internacional de la Lengua Materna.

En apoyo a esta idea, la institución, en el año de 2007, llamó a sus miembros a “promover la preservación y protección de todas las lenguas utilizadas por todas las personas del mundo”.

 Para el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, en el país existen 68 lenguas habladas por 7.5 millones de personas, y para buscar su permanencia, entre las conclusiones del Foro Nacional de Consulta Libre para la Reforma Constitucional de los Pueblos Indígenas, celebrado en agosto del 2020, destacan las siguientes: reconocer a las lenguas indígenas como patrimonio cultural y que se tomen como lenguas oficiales; establecer formas de comunicación en las diferentes lenguas, así como garantizar el derecho de los indígenas a hablar sus lenguas maternas y a vestir de acuerdo con sus usos y costumbres; expandir las telecomunicaciones para el acceso gratuito a Internet y telefonía rural, y la actualización de contenidos educativos para la enseñanza del conocimiento ancestral, la medicina tradicional y las lenguas indígenas.

Antes de concluir, viene a mi memoria el poema que da título a mi texto y que fue escrito por Miguel León Portilla, filósofo e investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México:

Cuando muere una lengua las cosas divinas, (estrellas, sol y luna, las cosas humanas, pensar y sentir) no se reflejan ya en ese espejo.

Cuando muere una lengua todo lo que hay en el mundo, mares y ríos, animales y plantas, ni se piensan ni se pronuncian con atisbos y sonidos que no existen ya.

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