Nicolás Durán de la Sierra

Más allá de la baja del mando policiaco de la comuna y del cese del secretario estatal de Seguridad Pública por la represión de la protesta feminista de hace unos días a las puertas del Palacio Municipal de Cancún; más allá de la terrible muerte de la joven ‘Alexis’, crimen que dio paso a marchas en todo el Estado, conviene revisar con mesura lo ocurrido para evitar que suceda de nuevo.

No será ésta una tarea fácil, pues si bien los criminales fueron unos pocos, la responsabilidad nos suma a todos como comunidad. Él o los autores de esta atroz muerte, como los de los demás asesinatos, no venían de otro mundo, sino eran vecinos de las víctimas, y en muchos casos, para nuestra vergüenza, hasta sus familiares. No será fácil aceptar que nuestro tejido social está roto.

Esto no mengua responsabilidad –no culpabilidad- a las autoridades estatales y municipales, pues uno de sus deberes es velar por la seguridad pública. No obstante, se trata de una tarea, en la práctica, ambigua. Podrán reforzar la prevención, afinar protocolos como el ‘Alba’ para la búsqueda de desaparecidas y crecer las penas, como se ha hecho, pero es imposible poner un policía en cada esquina.

Los jefes policiales responsables de una u otra forma de los disparos al aire cuando un grupo de manifestantes intentaron quemar las puertas del palacio municipal, ya fueron castigados, pero los saboteadores de la marcha, aquellos que mezclados con las feministas prendieron el fuego contra los bienes públicos, si aún continuaran en la ciudad, no han sido siquiera molestados.

Las marchas contra la violencia de género y las que van por más espacios para la mujer, las que muestran el hartazgo social por la inseguridad, apoyan la reparación del tejido social, pero la filtración de estos grupos, como ha pasado en otros sitios del país, sabotean sus afanes. Por desgracia, el tiroteo se convirtió en la nota principal, aunque lo trascendente fuera lo que simboliza la terrible muerte de la joven.

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