El Minotauro

Nicolás Durán de la Sierra

La muerte en Tulum de un par de jóvenes a manos de un sicario vinculado con el narcotráfico, llevó a este centro turístico, otra vez, a las páginas rojas s de los medios nacionales e internacionales y exhibió lo pobre de la seguridad pública en el norte estatal al grado que, para contenerla, la federación ordenó el despliegue en la zona de un gran contingente militar.

El reciente anuncio del presidente López Obrador sobre el arribo a la Riviera Maya para “reforzar la seguridad”, que desde luego es positivo, sin embargo tiene un dejo a demora, deja en la boca algunas preguntas ¿por qué no lo hicieron antes, si el alza de la violencia allí era el pan de todos los días? ¿Era precisa la muerte de las jóvenes para llamar la atención federal sobre este problema?

Quintana Roo, al igual que los demás estados, debe ser reforzado por los militares en la lucha por reducir la expansión de los cada vez más violentas células de los cárteles pues los afanes locales, por sí solos, no pueden frenar a estos grupos delictivos. Cierto es que en el Estado no se viven los escenarios que se dan en el norte del país, pero quizá estemos en la ruta.

Por cierto, más allá del disparate lingüístico de llamar “Gerenciamiento Coordinado de Acciones Policiales” al que fuera el mando único policial, este organismo es el único que puede ser útil, en lo local, para apoyar en el combate al crimen organizado. Claro que el nuevo C5 de Cancún es un gran avance, pero la operación terrestre es la definitoria, y nuestra parcela no es muy fértil.

Los asesinatos en Tulum, pueblo con menos de 50 mil habitantes, son diarios y, según consigna la periodista Fátima Vázquez, han hecho que, en el informe “Crimen en México”, este ocupe el primer lugar en el rol de los destinos turísticos más violentos del país… Ello no pasó  de un día para otro. Hay que velar porque Tulum no se convierta en un espejo del norte de Quintana Roo.

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