Proporcionar los datos adecuados a los gestores de patrimonio, los gobiernos y el público nos ayudará a conservar el pasado.

¿Qué tienen en común la Isla de Pascua, Edimburgo en Escocia y el puerto de Kilwa Kisiwani en Tanzania? En los tres sitios hay estatuas, castillos o ruinas que son vestigios del rico pasado de la humanidad. Pero estos lugares icónicos se enfrentan a un futuro incierto debido a la amenaza que suponen los efectos del cambio climático para algunos elementos clave de nuestra cultura y nuestra historia. Al igual que estos tres lugares, miles de sitios patrimoniales construidos por el hombre se enfrentan a fenómenos climáticos cada vez más intensos, subidas progresivas del nivel del mar u olas de calor sucesivas. Es posible que algunos sitios patrimoniales desaparezcan incluso antes de ser descubiertos. En la actualidad, los científicos, los gestores culturales y los legisladores tienen cada vez más en cuenta los datos climáticos para entender estos cambios y conseguir que nuestro pasado sea más resiliente al futuro.

Las amenazas extremas no dejan de aumentar

“Hay varios impactos del cambio climático que son muy preocupantes”, dice el Dr. Adam Markham, director adjunto del Programa de Clima y Energía de la Union of Concerned Scientists (“Unión de Científicos Preocupados”). Las inundaciones de gran envergadura podrían afectar a más del 10 % de unos 1200 sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO de aquí a finales de siglo, según revelan estudios recientes. Además, la sumersión y la erosión costera podrían afectar a casi todos los sitios patrimoniales de la UNESCO de la costa mediterránea.

“Los eventos extremos y progresivos relacionados con el ciclo del agua tendrán un gran impacto en el patrimonio”, afirma la profesora Cristina Sabbioni, investigadora sénior del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y del Clima (ISAC, por sus siglas en inglés) en Italia. “La degradación y la erosión caudadas por las precipitaciones podrían afectar incluso a los materiales más resistentes, incluido el mármol. Nuestra predicción es que habrá un aumento de la degradación en Europa Central y del Norte, en los Alpes italianos y en el norte de España”. El aumento de la humedad del aire en el futuro podría causar también un incremento de la cristalización de la sal marina en la atmósfera, un fenómeno que, según la profesora Sabbioni, podría dañar todo tipo de materiales y superficies: “Hemos constatado un aumento de la cristalización en toda Europa”.

La subida del nivel del mar es una amenaza para el patrimonio de la región mediterránea, entre otras. “Ciudades como Rávena en Italia o Arlés en Francia se verán amenazadas en el futuro”, dice el Dr. Markham. “El mar está deteriorando los vestigios de la Grecia y la Roma antiguas que hay en la isla de Delos, en Grecia, ya que el aumento progresivo del nivel del mar los impacta desde abajo”. Antes de finales de siglo, Venecia, que lleva décadas sufriendo el impacto de una combinación de la subida del nivel del mar y el descenso del subsuelo, podría experimentar una subida del nivel del agua de entre 11 y 110 centímetros. Es posible que el sistema MOSE, que cuenta con 78 compuertas para proteger la ciudad de las inundaciones, no baste para controlar una subida del nivel del agua superior a 60 centímetros.

En el hemisferio norte, es probable que los huracanes se intensifiquen debido al calentamiento de los océanos, aumentando la fuerza del viento y provocando marejadas ciclónicas más graves a causa de la subida del nivel del mar. Estos fenómenos podrían aumentar la vulnerabilidad del patrimonio cultural. No es la primera vez que los huracanes deterioran sitios patrimoniales: en 2012, el huracán Sandy dañó la Estatua de la Libertad y la Isla Ellis, causando pérdidas de 100 millones de dólares. Otros cambios climáticos más sutiles, como el aumento de las temperaturas y el cambio de los patrones de lluvia también podrían afectar al patrimonio y dañar las estructuras de las construcciones. Por ejemplo, en las regiones del norte, el deshielo del permafrost (la capa de subsuelo congelada permanentemente) podría desestabilizar los edificios, sus bases y otras infraestructuras.

Los incendios son otro motivo de preocupación, explica el Dr. Markham. “En muchas partes del mundo, entre ellas la región mediterránea, Australia, Norteamérica y Sudáfrica, hay un aumento de los incendios. En EE. UU., la temporada de incendios dura cinco o seis semanas más que hace 50 años, y los incendios hay aumentado en alcance e intensidad”.

Proteger lo que aún no se ha descubierto

El patrimonio no se compone únicamente de edificios y estatuas. En la región ártica, que se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta, más de 180 000 sitios arqueológicos de Groenlandia, Laponia y Rusia podrían verse amenazados por el deshielo del subsuelo y el calentamiento del suelo. “Esto aumenta la degradación”, explica el Dr. Markham, “ya que la actividad bacteriana consume más material orgánico subterráneo. La pérdida de hielo en el océano Glacial Ártico, un hielo que protege la orilla de las tormentas de invierno, también contribuye a la erosión en esos sitios. Estamos perdiendo arqueología que aún no hemos visto ni descubierto”.

“Hay un vínculo estrecho entre la temperatura y la preservación”, explica el Dr. Jorgen, un investigador sénior del Museo Nacional de Dinamarca que ha trabajado en Groenlandia para analizar el impacto del deshielo del permafrost en las estructuras arqueológicas. “Las temperaturas actuales de Groenlandia son entre 3 y 5 ºC más altas que la media histórica. Al mismo tiempo, el suelo se está secando. Cuanto más se seca el suelo, más oxígeno pasa al subsuelo, lo que provoca un aumento de la actividad bacteriana. Pero, a diferencia de los efectos de la erosión costera y las tormentas, los impactos de la degradación microbiana pueden tardar décadas en notarse”.

Datos climáticos para la protección del patrimonio

“Una de las lagunas más importantes en cuanto a la protección del patrimonio cultural es que hay muy pocos planes de gestión del cambio climático que incluyan medidas específicas relativas al patrimonio cultural, y esto puede suponer un peligro aún mayor para los sitios patrimoniales”, dice la profesora Alessandra Bonazza, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y del Clima (ISAC) en Italia, que ha trabajado en proyectos de la Unión Europea destinados a entender los daños que puede causar el cambio climático a los sitios patrimoniales.

Con el fin de ayudar a los profesionales a entender esos posibles daños, los científicos han aumentado sus esfuerzos para obtener los datos climáticos que necesitan los gestores de patrimonio cultural, los legisladores y las autoridades. “Hay una demanda de datos enorme”, dice Stijn Vermoote, director de fidelización de usuarios en el Servicio Copernicus del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM). “Hay muchas preguntas sobre el patrimonio y sobre cómo puede verse impactado por el cambio climático y la composición atmosférica. A nivel internacional, organizaciones como la UNESCO quieren datos de referencia, datos que todo el mundo pueda usar, mientras que los gestores de patrimonio pueden necesitar aplicaciones adaptadas a sitios concretos”. El CEPMPM crea vínculos entre los consultores locales y los institutos de investigación para ayudar a interpretar datos climáticos que después puedan transmitirse a otros usuarios.

Según Vermoote, los datos utilizados para otras actividades relacionadas con el clima pueden usarse fácilmente en relación con el patrimonio cultural. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) proporciona datos pasados y proyecciones futuras sobre la subida del nivel del mar y sobre los riesgos de eventos extremos e inundaciones relámpago, así como sobre factores que impactan de una manera más indirecta el patrimonio cultural y natural, tales como la cobertura y la humedad del suelo. Por ejemplo, usando estudios basados en datos del CS3 sobre el impacto de las tormentas y las marejadas ciclónicas en Dublín, se podría reducir el riesgo de desastre para el Patrimonio Mundial de la UNESCO en esa zona. Los gestores de patrimonio también pueden usar datos del Servicio de Monitorización de la Atmósfera Copernicus (CAMS) sobre la composición atmosférica, las deposiciones geológicas y los incendios. De estos datos podría extraerse información útil para conservar y proteger los ambientes que se han construido y para comprender cosas como, por ejemplo, hasta qué punto afectan a los edificios la lluvia ácida o el hollín procedente del tráfico. En Atenas, Copernicus ha colaborado con la Academia de Atenas para desarrollar DiscovAir, una aplicación que pueden usar los turistas para obtener información en tiempo real sobre alérgenos, niveles de ozono y radiación UV, entre otras cosas. “Más adelante, esto podría usarse también en otros sitios patrimoniales”, dice Vermoote.

La Dra. Bonazza explica que está a punto de lanzarse una plataforma SIG en línea que ofrecerá proyecciones futuras de los impactos del cambio climático en el patrimonio: “Usamos datos obtenidos por satélite, facilitados principalmente por el C3S y el CAMS, para realizar evaluaciones de riesgo, incluyendo mapas de riesgo, y estamos creando una herramienta de apoyo a la toma de decisiones que ayudará a los responsables a evaluar la vulnerabilidad de sitios patrimoniales específicos”.

La generalización de la información climática en la comunidad patrimonial

“No podemos permitirnos el lujo de perder nuestros bienes culturales primero y solucionar el problema después, tenemos que hacer algo ya”, dice el Dr. Evangelos Gerasopoulos, director de la oficina griega del Grupo de Observación de la Tierra (GEO, por sus siglas en inglés). “Hace unos años, cuando unos incendios enormes en Grecia casi llegaron al milenario sitio arqueológico de Olimpia, nos dimos cuenta de la amenaza que suponen los eventos extremos para los monumentos antiguos. Pero nos dimos cuenta de que la observación de la tierra puede ser muy útil”.

El Dr. Gerasopoulos trabaja en el Observatorio del Clima en Patrimonio Urbano, que se ha lanzado recientemente con el objetivo de fomentar la colaboración entre la comunidad científica, las autoridades y los urbanistas para que las ciudades y sus patrimonios sean más resilientes al cambio climático. Ayudar a los gestores de patrimonio y urbanismo a entender y usar los datos es un elemento clave en el proyecto. “Hay una gran cantidad de datos observacionales que podemos usar: obtenidos vía satélite, in situ, mediante crowdsourcing… Pero, además, necesitamos desarrollar un lenguaje común”.

En la reunión del Comité del Patrimonio Mundial de este mes, la Unión de Científicos Preocupados intentará convencer a las autoridades de que establezcan un índice estándar de vulnerabilidad climática para ayudar a los gestores de patrimonio a evaluar rápidamente los riesgos a los que se enfrentan. “El índice funciona para los sitios naturales, culturales y arqueológicos, así como para las ciudades y las zonas rurales, y puede usarse para evaluar planes de adaptación”, añade el Dr. Markham.

Monitorear los sitios patrimoniales es esencial para hacer un seguimiento de los impactos del cambio climático y adaptarse, según explica la profesora Sabbioni: “Los investigadores y los gestores de patrimonio cultural necesitan métodos para monitorizar zonas extensas más detalladamente. Y, gracias a las tecnologías avanzadas, es posible”. Un ejemplo es el caso de Pompeya, donde una reciente asociación público-privada usará inteligencia artificial, macrodatos, drones, sistemas de nube y otras tecnologías para proteger el patrimonio cultural de los riesgos humanos y medioambientales, además de mejorar la seguridad de los visitantes.

Aunque todavía está en sus primeras fases, la protección del patrimonio cultural de los impactos del cambio climático progresa poco a poco en la lista de las prioridades internacionales, como lo atestigua el hecho de que el Grupo de los 20 o la Comisión Europea tengan cada vez más en cuenta la importancia del pasado para cambiar el futuro. “El patrimonio cultural también puede darnos respuestas”, dice la Dra. Leissner, representante científica del Instituto Fraunhofer de Alemania y presidenta del grupo de trabajo de la Unión Europea para Fortalecer la Resiliencia del Patrimonio Cultural al Cambio Climático: “El patrimonio puede decirnos cómo se adaptaron nuestros ancestros al cambio climático, qué clase de construcciones hicieron para sobrevivir a inviernos duros o en zonas inundadas. Si no colaboramos para salvar este patrimonio, nos arriesgamos a perder también nuestra memoria. Y cuando pierdes la memoria, no puedes lidiar con la vida, no puedes enfrentarte al futuro. Ese es el gran peligro que corremos si perdemos nuestro patrimonio mundial. ¿Cómo seremos capaces de abordar el futuro?”

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